El Granma ha perdido a otro de los suyos. Ramiro Valdés, comandante, vigía de la retaguardia, atracó en la orilla definitiva. Con él se desprende una de las losas originales sobre las que se alzó la épica; la utopía pierde a su escribano de hierro, aquel que supo de la clandestinidad, de la Sierra y de Revolución.