Las Tunas.- Bajo las balas de un pelotón de fusilamiento en una fortaleza colonial de la ciudad de Santiago de Cuba, apeló a su último hálito de vida para expresar uno de los versos más inspirados de su creación, ¡Morir por la Patria es vivir!
Tras ser capturado gravemente enfermo como consecuencia de la fiebre tifoidea, junto a su familia en la finca Santa Rosa, en la cercanía de la Sierra Maestra, el mayor general del Ejército Libertador, Pedro Felipe Figueredo Cisneros, resultó fusilado el 17 de agosto de 1870.
Con total valentía ante los jueces del Consejo de Guerra que lo juzgó, este insigne cubano expresó, “…con mi muerte nada se pierde, pues estoy seguro de que a esta fecha mi puesto estará ocupado por otra persona de más capacidad”.
Conocido sencillamente en la historia de Cuba bajo el nombre de Perucho Figueredo, este poeta figura como uno de los grandes padres fundadores de la nación, quien legó como máxima obra a esta tierra el Himno Nacional, un canto de libertad y patriotismo.
Perucho nació en Bayamo el 18 de febrero de 1818 y perteneció a una familia con amplia herencia de bienes agrícolas y establecimientos. Inicialmente se formó en su villa natal y luego se trasladó a estudiar a la Universidad de La Habana, en la cual se graduó de bachiller en Filosofía y Derecho y posteriormente viajó hasta España para concluir su carrera de abogacía.
Este cubano fundó un hogar de 11 hijos con su esposa Isabel Vázquez y Morales, una familia que cultivó bajo la influencia de sus conocimientos de cultura general y que aportó como miembro fundador a la Sociedad Filarmónica de la época. También resultó un escritor que reflejó sus intereses libertarios en artículos publicados en periódicos locales y foráneos.
Perucho fue prócer extraordinario, que optó por los ideales de libertad y justicia, apoyó el primer levantamiento del 10 de octubre de 1868 e integró la Junta Revolucionaria junto a Carlos Manuel y Francisco Javier de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, Donato Mármol, Francisco Macé Osorio, Vicente García y otros patriotas de la época.
Distinguido por su notoria cultura, ejecutaba obras con el piano y el violín, además de dominar la composición, convirtiendo las reuniones patrióticas en tertulias con música culta y declamaciones de poemas y textos literarios.
Luego de conocer la orden del alzamiento en 1868, Perucho estaba en Bayamo y decidió organizar un grupo de patriotas que se unió a la lucha. Tras el triunfo, el 20 de octubre, cuando se proclamó a Bayamo capital de la República en Armas, en medio del pueblo volcado en la plaza de la parroquia, sentado sobre su caballo, finalizó su más importante creación, el Himno Nacional de Cuba, una obra que había empezado a escribir en 1867 y que constituye el mayor símbolo para todos los cubanos.
/abl/