En un país que transforma de manera constante las formas de gestionar y administrar su economía, donde las desigualdades y otros males históricamente asociados a la propiedad privada capitalista pueden abrirse paso en un contexto al que la nación se ha visto obligada a acudir para sostener su desarrollo, la labor social y la atención a las personas en situación de vulnerabilidad se convierten en un imprescindible antídoto.