Las Tunas

Doctora Doris Fornaris: la esencia de lo que soy, se lo debo a Fidel

Doctora Doris Fornaris: la esencia de lo que soy, se lo debo a Fidel
(Tiempo21 Fotos de la autora)

Las Tunas.- En el hogar de la doctora Doris Fornaris Marrero existen espacios que guarda con recelo, ilustran momentos únicos que marcan la vida de esta especialista de Primer Grado en Medicina General Integral, con 41 de trabajo, comprometida con la obra y el pensamiento del líder cubano Fidel Castro.

Esta tunera, amante del disfrute de sus amigos y de la enseñanza oportuna a las nuevas generaciones sobre los valores humanos, denota en el colectivo del Departamento de Promoción de Salud, de la Unidad Municipal de Higiene y Epidemiología, por vivencias que le permitieron conocer y compartir en distintos momentos con este cubano, a quien debe su carrera como integrante del ejército de batas blancas.

«La esencia de lo que soy, se lo debo a Fidel, porque él tuvo la idea de llevar la Atención Primaria a los lugares más desfavorecidos del país. Estudié la carrera de Medicina en la Universidad de Ciencias Médicas, de Santiago de Cuba y cursé los últimos años aquí en Las Tunas.

«Era el año 1984, ya Fidel tenía la idea del Programa del Médico de la Familia y había un grupo piloto en La Habana, en una prueba que rindió sus resultados inciales al comprobar que era viable en nuestra sociedad. Así comenzó un primer grupo integrado por diez personas como médicos de familia, pues ya aquí había cinco galenos de prueba en el año anterior.

Comenta esta mujer que irradia energía a su paso que en aquel tiempo muchos de los pacientes de su consultorio en la calle Línea, del reparto Aeropuerto, nunca habían visto un médico, venían del Jiquí, Dumañuecos y de otras zonas intrincadas, sin tener ni esquema de vacunación, ella se convirtió en el primer médico que tuvo la zona y durante siete años elevó los parámetros de salud de la población.

Como muchos galenos, Doris tuvo la experiencia de integrar las brigadas cubanas de colaboración médica en Guatemala y en Venezuela, países que le mostraron la grandeza humana de los profesionales de la Salud Pública.

«En el 2003, hay una avanzada a Venezuela, antes habían estado un grupo cuando los fenómenos meteorológicos que afectaron a esa nación suramericana, y yo estuve en la primera brigada que se dedicó a la labor en específico de la Atención Primaria. Fidel despidió a cada grupo de colaboradores que salía del país y así fue mi primer encuentro personal con este hombre tan inmenso, admirado por todos.

«Permanecí sentada en la primera fila frente a él y junto a cuatro doctoras tuneras, y después de cuatro horas de conversación se acercó a nosotras y nos preguntó de qué provincia éramos, y le dijimos que pertenecíamos a Las Tunas, entonces reflexionó del territorio, nos tiró fotos, intercambió sobre la historia de Venezuela y de la labor vital que prestaríamos desde la atención médica».

Doris realizando su labor asistencias (Tiempo21 Foto de la autora)

Comenta que ya en aquel país después de concluir con las faenas asistenciales en el estado de Cojedes, dedicó su tiempo libre a escribir, «cuando las cosas cotidianas del ir y venir cubano se acababan no teníamos en que ocuparnos después de las consultas y las actividades propias de la misión, así gané un poco más en uno de los mayores amores que tengo la escritura, y la figura de Fidel era mi mayor motivación, su ejemplo estaba a mi paso, en mis pensamientos, él ha sido mi guía siempre.

«Mi coordinadora de misión vino a dos o tres reuniones nacionales en ese tiempo y con ella le mandaba cada poema escrito, él tomaba su tiempo y me contestaba, decía lo que le había gustado y me señalaba algunos apuntes de las cosas que entendía que no debían ser, pues nunca le gustó que le compararan, él no se endiosaba, era un mortal, un hombre muy austero.

El brillo ilumina el rostro de esta mujer sencilla y talentosa, «Fidel era único, magnético, una persona que no existirá por muchos años, al verlo irradiaba una luz, así lo veía yo y así lo vieron los cubanos que tuvieron la dicha y el honor de haberlo conocido de cerca.

«En el 2006, fui elegida para participar en el Foro Social Mundial, que era en Caracas. Fueron diez días de tribunas abiertas, coloquios y desfiles, Cuba era el centro de aquel lugar que reunía a todas las personas de izquierda del mundo y todos querían entrevistar a los cubanos, nos buscaban y nos distinguían por los pulóveres de la imagen del Che o el uniforme del equipo nacional.

«Allí tuvimos la oportunidad de ser transmisores de nuestra ideología y principios en cada entrevista. Después de la clausura desarrollada en la Avenida de los Próceres con la actuación de Adalberto Álvarez, siento una bulla en horas de la madrugada y era que el Comandante había mandado a buscar a la delegación cubana y presta me monté en el primer ómnibus de la caravana hasta el aeropuerto de Maiquetía y de ahí volamos a Cuba, convirtiéndome en la cuarta integrante en pisar tierra cubana.

«Fidel estaba en las escaleras del Neptuno Tritón y fui casi la primera en abrazarlo y besarlo, no en la cara porque era muy pequeña, pero alcancé a besarle el cinto y ya eso para mí era algo importante.

«En horas de la noche nos reunimos en el Palacio de la Revolución con intermedios de meriendas en los cuales lo perseguía hasta en la máquina del chocolatín, llegaba y tomaba varias veces para ver sus ojos y tenerlo cerca porque mi mirada no abarcaba todo lo que yo hubiera querido alcanzar de su figura.

«Ahí permanecimos cuatro horas expresando nuestro punto de vista y le comentaron que la doctora que le había escrito durante todos esos años desde la misión estaba ahí y es cuando me pide que le dijera la poesía en que lo había soñado, pues consideraba que las demás no las merecía porque lo comparaba.

«En la oscura penumbra de mi cuarto/ Divisé su figura por completo/ Con ojos dulces y mirar del mismo/ Con figura de padre y muy contento/ Cuando no tuve dudas de quién era/ Le regalé mi más ardiente beso/ Él me extendió sus manos y al hacerlo/ Iluminaba el cuarto con su fuego/ Era Fidel y me senté a su lado/ Esperando recibir algún consejo/ No dijo nada, se marchó despacio/ Pero el escudo lo dejó en mi pelo/ Qué feliz soy desde ese mismo instante/ Qué afortunados somos al tenerlo/ Esperamos que vuelva cualquier noche /Pero si no es así en La Habana lo vemos. (Fragmento de la poesía)

«Cuando terminé de declamar era la misma persona que salió en mi sueño, me extendió sus manos, iluminó mi cuerpo con su fuego, era algo… un magnetismo terrenal que nunca vi, ni a mi papá lo vi así nunca, era algo sobrenatural», refiere mientras su vista se arropa de otros recuerdos por segundos.

Una flor para el Líder (Tiempo21 Foto de la autora)

«Si algún día se habla de convicción no creo que exista persona alguna que tenga más convicción, altruismo, humanidad y sentido de la responsabilidad que Fidel, él guió esta nación durante muchos años y siempre tuvo la esperanza de que fuéramos mejores personas, más humanos y dignos, en eso debemos basarnos, en que cada uno haga la parte que le toca y entonces Cuba será un mejor país».

La doctora Doris Fornaris Marrero es Máster en Atención Integral a la Mujer e imparte docencia en el pregrado y el posgrado en el Policlínico Docente Manuel (Piti) Fajardo. Desde su quehacer en la Promoción de Salud contribuye al bienestar de la población de las cuatro áreas de salud, del municipio cabecera, fomentando la principal tarea que legó al sector sanitario, garantizar la salud del pueblo como conquista de la Revolución.

/abl/

Deja un comentario