Historia

Fidel, presencia en el alma de Cuba

Fidel, presencia en el alma de Cuba

Las Tunas.- Dicen que fue al filo de las dos de la madrugada que se produjo el alumbramiento; que doña Lina Ruz trajo a este mundo a un varoncito vigoroso, al que los haitianos del batey de Birán bañaron con hojas de yagruma y verbena para los buenos augurios mientras su llanto se escuchaba por entre los pinares.

Allí, en aquellos parajes del oriente de Cuba comenzaba la leyenda del hombre que, cien años después, sigue marcando los caminos de un país y despertando pasiones de todo calibre.

En una entrevista a Ignacio Ramonet, ya en el ocaso de su vida, dijo: “El hombre no es dueño de su destino”; justo él, que ha marcado la existencia de tantos y ha dejado en la Revolución cubana, su obra más extraordinaria.

Fue, a juicio de muchos, el “más rebelde de los cubanos”, el que creía que los únicos milagros del mundo los podía hacer el pueblo; y, al decir de su amigo Frei Betto, creía posible traer el cielo hasta la tierra.

Cuentan que recorría algunas noches los hospitales pediátricos, conversaba con los médicos con la intención de buscar juntos las maneras de hacer menor el dolor de los niños, más llevadero el peso de los tratamientos prolongados e invasivos; y, más allá de la leyenda que sobre él se teje es imposible no destacar su lado humano, previsor, y sumamente presente.

Cien años de Fidel, un hombre todo país que se encarga de estar, más allá de la muerte, rondando la esencia de Cuba.

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