Al recordar a Eduardo García Delgado, no evocamos solo al joven que cayó en Girón. Recordamos al símbolo que, en el instante final, convirtió su sacrificio en mensaje eterno: la fidelidad a un proyecto de justicia y soberanía.
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Al recordar a Eduardo García Delgado, no evocamos solo al joven que cayó en Girón. Recordamos al símbolo que, en el instante final, convirtió su sacrificio en mensaje eterno: la fidelidad a un proyecto de justicia y soberanía.
Por estos días de abril, y aunque ya han pasado 65 años, Cuba recuerda a Girón con la certeza de que la victoria siempre estará al lado de la razón y que es posible con el protagonismo de todos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, blancos y negros; pueblo, en fin.
Cajobabo hace un guiño leal desde lo que es: altar sagrado, recodo de patria donde la historia respira. Advierte de peligros, de tareas inconclusas. Y otra vez con Martí, convoca: «a las estrellas no se llega por caminos llanos»
Guáimaro, la razón de su espada, convertida en Constitución. Esa herencia no se negocia, no se subasta, no se entrega. Se defiende, siempre.
Vilma Espín Guillois, aquella joven revolucionaria del pelo suelto y la mirada tierna, le dio sentido a la vida de muchas mujeres y se convirtió en símbolo de la dignidad, la resistencia y la emancipación femenina en la historia de Cuba.
En la ciudad dominicana de Montecristi, un 25 de marzo de 1895, dos figuras se encontraron para sellar con su firma el destino de Cuba. José Martí, el Apóstol de la independencia, y Máximo Gómez, el General en Jefe, firmaron el documento que sería la brújula de la Guerra Necesaria: el Manifiesto de Montecristi.
Por aquello de saber de dónde venimos y hacia dónde vamos, hay que acudir, una y otra vez, a hechos y acontecimientos de la historia patria que definieron la voluntad, el carácter y la intransigencia de este pueblo.
El 14 de marzo de 1892, en Nueva York, José Martí creó el periódico Patria, el cual desempeñaría un papel primordial en la tarea de unir, organizar y orientar a las fuerzas patrióticas.
Transcurría la tarde del miércoles 13 de marzo de 1957 cuando un grupo de jóvenes universitarios, liderados por José Antonio Echeverría, atacó el Palacio Presidencial y la emisora Radio Reloj con el propósito de derrocar la dictadura de Fulgencio Batista.
“Allá, en un asilo infeliz, moría tiempos hace, en la rústica cama, un general de Cuba, rodeado de sus hijos de armas...así escribió José Martí sobre el deceso del Mayor General Vicente García González ocurrida el 4 de marzo de 1886 en Río Chico, estado de Miranda, Venezuela.