A 71 años de la excarcelación de los Moncadistas compartimos este artículo, publicado el 13 de mayo de 2005, con motivo del medio siglo de ese suceso histórico.
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A 71 años de la excarcelación de los Moncadistas compartimos este artículo, publicado el 13 de mayo de 2005, con motivo del medio siglo de ese suceso histórico.
Ignacio Agramonte y Loynaz, el prócer independentista cubano de la primera de las gestas emancipadoras contra el yugo colonial español, caído en combate el 11 de mayo de 1873, simboliza y encarna lo más genuino de la tradición histórica de rebeldía, coraje y tenacidad de todo un pueblo.
A 153 años de su caída, el Mayor no se parece al bronce. Se parece al que estudia, al que crea, al que aporta a la sociedad.
El 9 de mayo de 1920, a la una de la tarde, nació la quinta hija de un sólido matrimonio en el oriente de Cuba. Se llamó Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley.
Era el 21 de abril de 1961 y el país aún vibraba con la victoria en Playa Girón. El sol apenas despuntaba sobre los cañaverales cuando la noticia comenzó a recorrer los pueblos: se fundaba el Ejército Oriental de Cuba.
Al recordar a Eduardo García Delgado, no evocamos solo al joven que cayó en Girón. Recordamos al símbolo que, en el instante final, convirtió su sacrificio en mensaje eterno: la fidelidad a un proyecto de justicia y soberanía.
Por estos días de abril, y aunque ya han pasado 65 años, Cuba recuerda a Girón con la certeza de que la victoria siempre estará al lado de la razón y que es posible con el protagonismo de todos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, blancos y negros; pueblo, en fin.
Cajobabo hace un guiño leal desde lo que es: altar sagrado, recodo de patria donde la historia respira. Advierte de peligros, de tareas inconclusas. Y otra vez con Martí, convoca: «a las estrellas no se llega por caminos llanos»
Guáimaro, la razón de su espada, convertida en Constitución. Esa herencia no se negocia, no se subasta, no se entrega. Se defiende, siempre.
Vilma Espín Guillois, aquella joven revolucionaria del pelo suelto y la mirada tierna, le dio sentido a la vida de muchas mujeres y se convirtió en símbolo de la dignidad, la resistencia y la emancipación femenina en la historia de Cuba.