En Las TUnas, la historia se enseña no solo como ciencia, sino como vocación. Dos profesoras universitarias, historiadoras con ímpetu y compromiso, comparten sus perspectivas sobre lo que significa el registro del tiempo.
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En Las TUnas, la historia se enseña no solo como ciencia, sino como vocación. Dos profesoras universitarias, historiadoras con ímpetu y compromiso, comparten sus perspectivas sobre lo que significa el registro del tiempo.
Los historiadores son los guardianes de la memoria que con paciencia y rigor reconstruyen los hilos del pasado para que el presente tenga raíces firmes. Su tarea, silenciosa y a la vez trascendente, convierte documentos, relatos y vestigios en patrimonio vivo de la nación.
Puerto de Tuxpan, 25 de noviembre de 1992
El eco de un legado: pueblo tunero recuerda a Vilma Espín a 19 años de su partida
El parque Maceo, de la ciudad de Las Tunas, es una suerte de homenaje permanente a la figura indómita del Titán de Bronce; un hombre nacido el 14 de junio, hace ya 181 años, que ha quedado entre los símbolos más notorios de la intransigencia de los cubanos de todos los tiempos.
El 14 de junio de 1928, en Rosario, Argentina, nació un niño que desde temprano desafió la fragilidad del asma con la fuerza de la lectura y la curiosidad. Ese niño, Ernesto Guevara de la Serna, crecería para convertirse en el Che, un hombre que hizo de la rebeldía un camino y de la justicia una bandera.
Hace más de un siglo, Antonio Maceo Grajales, Mayor General del Ejército Libertador, afirmó que “quien intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”. Y esa frase, perenne y eterna, marcó una determinación que traspasa los años.
Ramón Batista dirigía el Museo Provincial de Las Tunas el día aquel de julio de 1985 en el que Raúl Castro dejó inaugurado acá el Palacio de Pioneros José Martí.
Una hermosa y conmovedora tradición de Cuba, y de otros lares, es la de perpetuar la memoria de nuestros héroes y mártires a través de un nicho, con forma de estrella, y con una llama flameante y eterna.
Larga ha sido la lista de agresiones bacteriológicas a Cuba desde el triunfo mismo de la Revolución. El propio Fidel Castro lo denunció un día como hoy, de 1964. Eso no detuvo los ataques.