Deporte

Ermidelio Urrutia y Fidel Castro: recuerdos de una noche irrepetible

Ermidelio Urrutia y Fidel Castro: recuerdos de una noche irrepetible
Fidel y Ermidelio Urrutia intercambian en el estadio Latinoamericano, en agosto de 1991 (Tiempo21 Foto de archivo)

Las Tunas.- El béisbol cubano vivió una de sus noches más gloriosas en el estadio Latinoamericano, en agosto de 1991. La final de los Juegos Panamericanos enfrentó a Cuba y Puerto Rico y el público abarrotaba las gradas con la certeza de que sería un duelo histórico. Lo fue, y el protagonista absoluto se llamó Ermidelio Urrutia.

El tunero firmó una actuación perfecta: seis hits en seis turnos, con tres jonrones y dos dobletes, impulsando siete carreras en la victoria aplastante de Cuba 18 x 3. La hazaña fue bautizada como “la noche perfecta” y quedó grabada en la memoria colectiva del deporte cubano.

Al concluir el partido, durante la ceremonia de premiación, ocurrió un momento que trascendió lo deportivo. El Comandante en Jefe Fidel Castro, líder de la Revolución, bajó a Ermidelio del estrado, lo midió con curiosidad y le preguntó: “¿De dónde sacas tú tanta fuerza?, ¿pensabas llenar esto de pelotas en las gradas?”. Fidel, sorprendido por la potencia de aquel “flaquito y bajito”, convirtió la escena en símbolo de admiración y orgullo.

La respuesta de Urrutia fue tan memorable como sus batazos: “La fuerza la saco con el corazón”. Y añadió una frase que aún se recuerda: “La fuerza del ser humano no se mide de los pies a la cabeza, sino de la cabeza al cielo”. En ese instante, el béisbol se transformó en metáfora de entrega y pasión. Orestes Kindelán, compañero de equipo, intervino para reforzar la idea: “Comandante, él dio los batazos con el corazón”.

El intercambio entre Fidel y el beisbolista tunero no solo exaltó la gesta deportiva, sino que reafirmó la unión entre deporte y nación. El plantel cubano acumulaba títulos y récords internacionales, y aquella final fue la confirmación de su hegemonía.

Más allá de los números, lo que quedó fue la imagen de un líder reconociendo la grandeza de un atleta y de Urrutia que respondía con humildad. En La Habana de 1991, el béisbol fue más que un juego: fue un acto de identidad, orgullo y corazón.

En su museo personal Ermidelio exhibe, junto a sus títulos, una foto con Fidel (Tiempo21 Foto/ Ángel Chimeno)

/abl/

Deja un comentario