Por Maira Castro Lora
Las Tunas. A la explanada de la Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García, de Las Tunas, concurren niños y adolescentes junto a familiares, atraídos por la avidez de recreación y actividad física en la etapa estival.
En ese sitio amplio y fresco se ve a muchachos aficionados al fútbol, el papá que acompaña al hijo pequeño a empinar papalote, familias con sus mascotas o parejas de enamorados.
Durante una de las tardes de esparcimiento, varios niños se acercaron curiosos a observar las demostraciones de Julio César Silva Serrano, el representante del arte marcial del aikido en Las Tunas, con el nivel de primer Dan.
Muy pronto pasaron a la acción invitados por quien suele ir a ese sitio, y a la sala Polivalente Leonardo Mackenzie, donde motiva hacia esa práctica, generalmente a los niños y también a personas mayores.
Los lugares son apropiados para captaciones porque «vienen a recrearse, y cuando ven la actividad de los desplazamientos, las caídas, les gusta, y se suman sobre todo los niños» –refirió Julio César.
Asimismo, comentó que «por la complejidad del arte del Aikido, en las primeras edades se vuelve lento el aprendizaje porque van jugando, y se hacen solo algunas técnicas, como las del desplazamiento y el golpeo».
«Dicha práctica ofrece las ventajas de unir al espíritu con el cuerpo, aporta una preparación sicológica, e incluso a los pequeños los motiva a ser mejores estudiantes».
Respecto a cómo acceder a la preparación, Julio César enunció los cursos y seminarios que ofrece en la Sala polivalente, de la capital tunera, aunque los interesados asisten de lunes a viernes generalmente; y se promociona esa actividad por la televisión, la radio y las redes sociales.
Silva Serrano fue también alumno y atleta de Karate, pero lleva 15 años en el Aikido y le gusta enseñar; «me gusta que los niños sepan por lo mismo que pasé yo, además los padres quieren que sus hijos aprendan algo para la vida, pues necesitan habilidades durante su tránsito por los distintos niveles educativos».

Una de sus alumnas, no tan joven, es Magna Gargallo Pérez, quien tuvo la experiencia de llegar al aikido «en un momento difícil para mí y que estaba deprimida, cuando lo vi a él entrenado, y me incorporé a sus clases».
«Me ha servido de mucho, porque uno aprende a defenderse, pero también es algo terapéutico; sirve para estiramiento, mantenerse activo, no entumecerse, y en casi un año practicando, soy cinta verde, he avanzado porque venía muy a menudo. Como empecé a trabajar ya no es todos los días, pero hago un esfuerzo y vengo».
El aikido es un arte marcial del Japón que se basa en la defensa no violenta sobre uno o varios adversarios, desarmados o armados. Desde 1996 se creó en Cuba la Asociación Nacional de Aikido afiliada a la Federación Cubana de Karate y Artes Marciales Afines (FCKAMA).
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