Hoy, Día Internacional de la Danza, a mi memoria vuelve una mujer que nos hechizó con sus pies y gestos eternos. Esa "luz que se mueve", según palabras de Dulce María Loynaz, nos acompaña más allá de la muerte. Nuestra Giselle no se ha ido; sus ademanes perpetuos e indomables están tatuados en la memoria colectiva.