Desde que nacemos, la sociedad nos entrega un guion invisible que dicta cómo debemos actuar, qué debemos estudiar y hasta qué deportes podemos disfrutar basándose únicamente en el género.
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Desde que nacemos, la sociedad nos entrega un guion invisible que dicta cómo debemos actuar, qué debemos estudiar y hasta qué deportes podemos disfrutar basándose únicamente en el género.
En un entorno que a menudo mide el éxito por la acumulación de bienes, se ha perdido de vista el valor de lo que ya existe. No se trata de lo material, sino de un patrimonio intangible: el aire que respiramos, el agua de los ríos, el abrazo familiar, la confianza construida durante años y la memoria colectiva de un pueblo.
Entre los desafíos del sector cultural en la provincia figura perfeccionar la gestión de sus procesos para garantizar calidad y sostenibilidad en el tiempo. Esta aspiración cobra medular importancia en momentos en que el contexto socioeconómico que vive el país obliga a repensar realidades que competen a la programación, la planificación, el uso oportuno de los recursos, las potencialidades de la promoción, y otras.
Quizás a temprana edad aún no se sepa. Quizás bajo los globos y cadenetas, entre las frases cargadas de patriotismo o la “mesa cubana” que tradicionalmente acompaña estas celebraciones, niños y jóvenes aún no puedan medir verdaderamente la dimensión de la fecha.
Después de pasarle la rima a las colas, a los precios inflados y al que vive del inventario ajeno, uno corre el riesgo de pensar que la batalla está perdida. Pero basta detenerse un segundo, bajarle el volumen al ruido de la queja y mirar bien: ahí están los quijotes de cada día. Esos que, en medio del sálvese quien pueda, deciden salvar al de al lado.
En tiempos de crisis, sale a flote lo mejor y lo peor del ser humano. Hemos visto gente compartir un pedazo de pan y otros, lamentablemente, convertir la necesidad ajena en una mina de oro personal. El acaparamiento no es un fenómeno nuevo, pero cuando se alimenta de los productos que el propio Estado destina al pueblo, deja de ser una "estrategia de supervivencia" para convertirse en una falta de respeto al sudor del trabajador.
A casi cinco años de su irrupción legal en el panorama económico cubano, las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) han dejado de ser un experimento para convertirse en el tejido conjuntivo de una economía en crisis.
Caminar por las calles de Las Tunas, o de cualquier otra ciudad cubana, se ha convertido para muchas mujeres en un ejercicio constante de alerta.
Lo que está pasando en la ciudad de Las Tunas ya no tiene nombre. A la cantidad de micro vertederos dispersos por toda la capital de la provincia se suma la candela que determinadas personas le prenden a los basureros, lo que le ocasiona daños físicos y psicológicos a los vecinos que tienen que cerrar herméticamente sus viviendas para defenderse de la agresión.
Las Tunas siempre ha tenido fama de ser una ciudad tranquila, de gente noble y calles limpias. Sin embargo, basta un recorrido por la Avenida 2 de Diciembre o una parada en el Parque Vicente García para notar que algo está cambiando, y no precisamente para bien.