En tiempos de crisis, sale a flote lo mejor y lo peor del ser humano. Hemos visto gente compartir un pedazo de pan y otros, lamentablemente, convertir la necesidad ajena en una mina de oro personal. El acaparamiento no es un fenómeno nuevo, pero cuando se alimenta de los productos que el propio Estado destina al pueblo, deja de ser una "estrategia de supervivencia" para convertirse en una falta de respeto al sudor del trabajador.