Opinión

Por respeto a la vida

El Dí­a Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares se celebra cada 26 de septiembre desde el año 2014, en busca de concientizar a los organismos internacionales, gobiernos y asociaciones no gubernamentales sobre la amenaza que representa la proliferación de estos dispositivos.

Desde el desastre provocado por los Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki en 1945, el mundo comprendió que era necesario regular la tenencia de esta tecnologí­a, aunque en la actualidad aún existen contabilizados más de 12 mil de estos efectivos.

Como herramienta de control y con una membresí­a casi universal, el Tratado de No Proliferación Nuclear entró en vigor en 1970 basado en tres pilares fundamentales: la no-proliferación, el desarme y el uso pací­fico de la energí­a nuclear.

Y es que el problema con este tema no es la tecnologí­a, sino el uso que se le da. La energí­a nuclear ha sido protagonista de grandes avances de la sociedad y pensar un mundo sin ella es casi imposible; lo que no puede ocurrir es emplear esta excusa para usar la energí­a en la creación de armas de destrucción masiva.

Ahora, como nunca antes, la humanidad vive el borde de una crisis nuclear. Paí­ses poderosos como Israel y Estados Unidos, tienen en su poder estas armas, y libran e incitan guerras que acrecientan tensiones, y en las que la posibilidad de detonar estos dispositivos es palpable, obviando totalmente lo que implicarí­a esto para la humanidad.

La 80 Asamblea General de las Naciones Unidas y la Semana Atómica Mundial en Moscí, son espacios fundamentales para continuar creando conciencia y exigir la eliminación total de estos artefactos como forma suprema del respeto a la vida y preservación de la humanidad.

/lrc/

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