Cultura

El Premio Cucalambé esta vez se quedó en nuestra tierra

El Premio Cucalambé esta vez se quedó en nuestra tierra

Las Tunas.- Miguel Mariano Piñero Martí­nez vive en el poblado de San José, en el municipio de Colombia. Para asistir a El Cornito, donde se desarrolla gran parte de la Jornada Cucalambeana, tuvo que recorrer primero más de 10 kilómetros en carretón hasta la carretera municipal. Hoy sus ojos se humedecen al pensar en el Premio Cucalambé, y eso que es la segunda vez que lo gana. No lo siente suyo, también es de su esposa Mercedes, de sus hijos y nietos, de su padre (en el cielo), pero especialmente de su abuelo Julián, «quien sembró en mí­ el amor por la octosí­laba rima, pues era poeta repentista y crecí­ escuchándolo cantar».

Esta vez, el tunero conquistó el lauro con el cuaderno Delirios insulares, certamen que ya habí­a ganado en el 2014 con su libro (In)mutaciones del solitario. «El cuaderno que ganó ahora versa sobre esos ‘delirios’ que experimentamos los que vivimos en una Isla rodeada de mar. De esos anhelos por conocer los girasoles de Van Gogh. Ahí­ están los latidos de Borges, Vallejo y otros tantos».

El jurado, integrado por Argel Fernández Granado (Las Tunas), Agustí­n Serrano (Holguí­n) y Diusmel Machado (Camagüey), luego de analizar 16 obras en competencia, le otorgó el ansiado galardón, no sin antes reconocer la calidad de todos los textos en competencia. Asimismo, el camagüeyano Domingo Peña mereció una mención con su poemario Miré los muros de la Patria mí­a. El resultado se dio a conocer en el contexto del Catauro de la Décima, en su segundo capí­tulo de esta Jornada Cucalambeana.

Sobre lo que significa ser vencedor por segunda vez en este relevante certamen dijo: «Es una satisfacción inmensa. Deja que mi esposa Mercedes se entere. Ella es mi musa y aliento». Miguel Mariano Piñero Martí­nez preside el Grupo Nacional de Escritores Rurales, con sede en San José y, desde que era un niño, se empeña con todo su corazón por defender la estrofa nacional de Cuba. A sus 66 años confiesa: «La décima es lo más hermoso que existe en la poesí­a. Hay que meterse en ‘esa cárcel de aire puro’, como la catalogaron, para hacerla funcionar».

/mga/

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