Por más de un siglo, Marcela

14 de Nov de 2018
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Marcela Roque Ceballos cumplió 101 años. Esta habitante del municipio de Colombia se suma al grupo de nuestros adultos mayores que con una calidad de vida adecuada, alcanzan la longevidad, acogidos por el amor de su familia.

«Vivo muy orgullosa de tener mis siete hijitos, mis nietos, ¡hasta tataranietos!», dice Marcela con un dejo de nostalgia en la mirada, porque a la alegría de tan larga vida solo le falta la compañía de su viejito, que hace cinco años se le fue, tras un matrimonio de más de 70 años.

«Eduqué a todos mis hijos y les enseñé valores, a respetar, a no ofender, a cuidar a sus hijos con amor, porque nunca les levanté la mano a ninguno. Fui huérfana desde niña, crecí sin un padre ni una madre, pero a mis hijos no les faltó cuidado»…Y es quizás la enseñanza más sublime de tantos años de vida, la preocupación por dar amor.

«Una madre ejemplar, maravillosa, nos enseñó lo mejor del mundo y con 101 años, todavía lucha por todos nosotros», comenta su hija Zoila García Roque.

Benito, el mayor de su descendencia, recuerda cómo tuvo que dejar de estudiar temprano para cuidar de sus hermanos, y aun así, aprendió oficios de campesino que le permitieron andar con firmeza y honra por la vida: «El grado fue mínimo, pero siempre estudiamos. Mi padre atendía bueyes y de acuerdo con lo que sabía me enseñó a trabajar. Era una vida muy distinta a la de ahora, pero, como dice mi madre: luchando, se vence».

«Yo estoy orgullosa de tener a mi abuela viva, cada vez que lo cuento por ahí, la gente me dice: ¡no puede ser! Se hace sola las cosas: se baña, come, camina sola, y también se acuerda de todo. Me gusta verla porque siempre anda muy limpia, perfumada, arreglada. Estoy agradecida, porque educó bien a mi abuelo y éste a su vez a mi madre, por generaciones nos han inculcado cosas buenas. La mayoría de los bisnietos tenemos grados escolares altos porque nos enseñaron a estudiar y porque tenemos las posibilidades que no tuvieron ellos en su época», dice Yaìma Corrales García.

Le pregunto si fueron traviesos los hijos y ella solo puede decir con una mirada tierna y rotunda: «Mis hijitos de mi vida, mis siete hijitos… ¡todos buenos! Antes se paría mucho. Pero estoy orgullosa, son de oro conmigo, si tengo cualquier cosa, todos acuden».

Cuentan que hace unos años, desde que murió el viejo, ella no permite fiestas en casa, ni pastel en su cumpleaños. Para sorpresa de todos, esta vez, aceptó dar declaraciones de su vida ante la grabadora de una desconocida.

No faltó a finales de octubre la visita de los suyos, el beso, los regalos…ella vistió de gala, toda de blanco, con prendas y pintalabios. Dijo que durará hasta los 105…

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