Las Tunas.- Hay pertenencias que no figuran en ningún documento, no aparecen en un expediente laboral ni se acreditan con un cargo. Son lealtades que se construyen con los años hasta convertirse en una forma de identidad.
La historia de Ana Julia Rodríguez Rodríguez en la Empresa Eléctrica de Las Tunas es una muestra de ello. Más de cuatro décadas después, se refiere a la institución como si hablara de su propia casa.
Una joven entre recibos y sueños
“Llegué a la empresa en el año 1980. En aquel entonces, Las Tunas aún pertenecía administrativamente a Holguín y trabajábamos en una oficina situada frente a la funeraria, en el local donde estuvo ubicada años más tarde la conocida tienda El Fénix. Entre recibos, facturas y largas jornadas de trabajo, fui aprendiendo el valor de la responsabilidad y el compañerismo.
“Me desempeñaba como estadística del llamado estatal menor, que abarcaba establecimientos de gastronomía, las tiendas y otros servicios. Desde aquel puesto en el departamento comercial no solo crecí profesionalmente, sino que construí amistades y experiencias que me acompañan hasta hoy.
“Más tarde nos trasladamos a otra oficina ubicada frente a la pizzería El Escudo. Cambió el lugar, pero no el compromiso ni el entusiasmo con que asumía las responsabilidades, convencida de que formaba parte de una obra colectiva que ayudaba a crecer a nuestra ciudad”.
El compromiso de representar a los demás
“La vida parecía transcurrir con normalidad hasta que, en los años noventa, la organización sindical tocó a mi puerta. En la empresa no existía un liderazgo que representara plenamente a los trabajadores y desde el Sindicato Nacional consideraron que yo podía asumir esa responsabilidad. Acepté presentarme a votación y recibí el respaldo de la mayoría.
“Así comenzó una etapa en la que reafirmé el sentido del deber. Primero fui secretaria del buró sindical de la Empresa Eléctrica y después dirigente provincial del Sindicato Químico, Minero, Energético. Desde esa responsabilidad atendí sectores tan diversos como la industria del vidrio, la salina, gases industriales, petróleo y la propia Empresa Eléctrica.
“Durante doce años recorrí centros laborales, acompañé colectivos, defendí trabajadores y asumí responsabilidades que muchas veces me obligaban a salir de casa antes del amanecer y regresar ya entrada la noche.
“Ese período coincidió con importantes logros para el sector eléctrico tunero. Bajo la dirección de compañeros como Juan Antonio Pruna y Mario Pedroso, la provincia obtuvo por primera vez la sede nacional del Día del Trabajador Eléctrico; después llegó una segunda.
«Cada una de aquellas conquistas ocupa un lugar especial en mi memoria porque conozco cuánto esfuerzo colectivo hubo detrás de esos resultados».
De Las Tunas a París
“Entre las múltiples vivencias que me dejó el trabajo sindical, hay una que recuerdo con especial emoción. Fue durante la visita a la provincia de un grupo de trabajadores franceses. Compartí con ellos varios momentos y como resultado de ese intercambio surgió la posibilidad de viajar a Francia para asistir a un evento de energía.
“Fue mi primer viaje en avión. Recorrí Grenoble, Lyon y París en medio de los difíciles años del Período Especial. Participé en encuentros sindicales, defendí con honestidad la situación que enfrentábamos en Cuba y viví momentos inolvidables. Entre todos ellos, ninguno como la noche en que contemplé la Torre Eiffel iluminada. Fue el viaje más lindo que tuve».
Volver al lugar de pertenencia
“En 2004 la vida me presentó otro desafío. Mi hijo había nacido con problemas visuales y todos los compromisos acumulados comenzaban a pasar factura. Decidí cerrar aquella etapa sindical. Desde otras instituciones me ofrecieron nuevas tareas, pero yo tenía claro dónde quería estar. Siempre decía que quería volver con los eléctricos, y regresé.
“Mi retorno coincidió con una de las experiencias que más satisfacción me ha dado la vida. Mario Pedroso, quien era el director, me ubicó al frente de programas relacionados con el ahorro de energía y el fórum. Comencé a trabajar junto a los CDR, la Federación de Mujeres Cubanas y Educación. Organizamos encuentros comunitarios, concursos infantiles y actividades de capacitación.
“Las escuelas se llenaron de niños que aprendieron a apagar luces innecesarias, a cuidar los recursos y a transmitir esos conocimientos en sus hogares. Surgieron las patrullas clic y los municipios desarrollaron eventos cada vez más numerosos. Aquella labor colocó a Las Tunas entre las provincias más destacadas del país en materia de promoción del ahorro energético”.
Lejos de Cuba, cerca de la misión
“Los resultados me dieron la posibilidad de cumplir misión en Venezuela. Viajé al estado Vargas para fomentar programas relacionados con la eficiencia energética y el uso racional de la electricidad. Trabajé intensamente en comunidades y zonas apartadas impartiendo charlas, participando en reuniones populares y colaborando en proyectos de electrificación.
“Lo que inicialmente serían dieciocho meses terminó convirtiéndose en casi tres años. Fue una experiencia muy enriquecedora, aunque también estuvo marcada por el sacrificio de permanecer lejos de mi familia. Hubo momentos en que la nostalgia pesaba más que cualquier jornada laboral, pero nunca pensé en abandonar la misión”.
El desafío de servir a la población
“Cuando regresé al país encontré una realidad diferente. La estructura organizacional era otra y ya no existía el puesto que ocupaba antes. Entonces apareció la confianza de Mario Patiño, quien decidió incorporarme al Centro Integral de Atención al Cliente como especialista principal. Muchas personas se sorprendieron. Yo era técnico medio; sin embargo, tenía experiencia, disciplina y muchas ganas de aprender.
“Aquella etapa fue una de las más exigentes de toda mi carrera laboral. Tuve que prepararme para dirigir un grupo integrado por especialistas con amplia experiencia técnica. Atendía planteamientos del Poder Popular, daños a la propiedad y quejas de la población. Cada caso exigía rigor, investigación y sensatez.
“Debía analizar reclamaciones, determinar responsabilidades y defender criterios ante los consejos de dirección. Fueron años complejos, de mucha tensión y estudio constante. Creo que fue la etapa más fuerte de mi vida laboral. Incluso relaciono esos años con la cardiopatía que más tarde afectó mi salud.
“Aun así, nunca quise dirigir desde la distancia. Cuando era necesario visitar comunidades lejanas, allí estaba yo. Mis compañeras me preguntaban por qué seguía recorriendo caminos si podía limitarme a coordinar desde una oficina. Mi respuesta era siempre la misma: el prestigio también se construye estando presente donde surgen los problemas”.
Seguir acompañando después del retiro
“En el año 2019 comprendí que ya no tenía las mismas fuerzas de antes y llegó el momento de jubilarme. Tenía 63 años y una vida entregada a la Empresa Eléctrica.
“La jubilación nunca significó una despedida definitiva. Todavía participo en actividades de la sección sindical de jubilados cuando la salud me lo permite. Continúo acompañando a antiguos compañeros y escuchando las preocupaciones de quienes enfrentan las dificultades propias de la vejez. Sé ponerme en el lugar de quienes sufren carencias porque entiendo que envejecer no siempre resulta fácil. Aun así, trato de conservar el optimismo y la capacidad de hacer reír a quienes me rodean”.
Cuando la vida puso a prueba la fe y el optimismo
“El 24 de agosto de 2023 asistí a una consulta médica y me descubrieron un tumor muy agresivo en la mama derecha. Recuerdo que cuando la doctora me dio el diagnóstico sonreí. Me preguntó por qué lo hacía y le respondí que Dios me daría la fortaleza necesaria para seguir adelante.
“El 4 de octubre me realizaron una mastectomía radical. Después llegaron la quimioterapia y la radioterapia. Fue una etapa dura, pero nunca perdí el optimismo ni la voluntad de luchar por la vida. Desde el primer momento decidí enfrentar la enfermedad con la misma determinación con que había asumido cada responsabilidad que la vida me puso delante.
“Le agradezco profundamente al doctor Alexander, mi oncólogo, porque me ayudó mucho a comprender que la recuperación también depende de uno mismo. Siempre recordaré cuando me dijo que una parte importante del proceso la ponen los medicamentos, pero que yo también tenía una gran responsabilidad con mi actitud y mis deseos de vivir. Aquellas palabras me acompañaron durante todo el tratamiento y me dieron fuerzas para continuar.
“También les doy gracias a mis hijos y a mis nietos. Ellos estuvieron a mi lado en los momentos más difíciles, acompañándome, animándome y dándome razones para seguir adelante cada día. Gracias a su amor, a mi fe en Dios y a la fortaleza que encontré dentro de mí, hoy me encuentro en recuperación».
Una identidad que permanece
“Hoy, cuando miro atrás, no pienso en reconocimientos ni en cargos. Recuerdo personas, evoco madrugadas rumbo a la salina, reuniones interminables, concursos escolares, barrios venezolanos, conversaciones en Francia, compañeros que todavía me abrazan cuando me encuentran en la calle y la batalla que libré para recuperar la salud. Pienso, sobre todo, en mis grandes tesoros: mis dos hijos y mis cinco nietos.
“Después de tantos años sigo definiéndome de la misma manera. No como una exdirigente, ni como una jubilada, ni como una trabajadora ejemplar; simplemente como alguien que nunca dejó de pertenecer al lugar donde construyó su vida: yo soy de los eléctricos”.
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