Cultura

Talento sin edad, arte sin límites

Talento sin edad, arte sin límites
Betico, también conocido como Vitico, con su gracia de cuentero popular, alegra espacios culturales (Tiempo21 Fotos/ Reynaldo López Peña y la autora)

Las Tunas.- Margarita en abril perdió a su esposo. Sus días se agrietaron, se ralentizaron horas y sentidos. Y allí, en medio de tanto dolor y cruel certeza, algo la hizo renacer: el arte.

Mercedes, igual que ella, se acerca a sus 80 primaveras de vida.

Sus ojos testimonian alegrías y nostalgias, pero ha entendido que los sueños no tienen edad y, por eso, aunque alguien alguna vez le dijo que «ni canta ni come fruta», levanta la voz y por su garganta salen melodías del alma.
Vistorte no nació con limitaciones físicas, pero un disgusto lo llevó a andar con muletas por aquí y por allá. Un día descubrió la maravilla de verter en versos el sentimiento que le invade y, desde entonces, lo vemos en festivales y otros encuentros con la literatura de asidero, con la literatura de bastón.

Mercedes defiende sus sueños de cantante con más de 70 años de edad.

Betico, por su parte, encarna la nobleza del cubano. Si alguien le hiciera una caricatura, su sonrisa cogería buena parte de la hoja. Es verdad que ya no está su esposa para avivar también los andares por la cultura, pero este señor persiste; con sombrero, guayabera y una gracia natural para contar historias, la honra en cada Jornada
Cucalambeana, en la radio y todo espacio posible. Ellos no son personajes ficticios, son seres reales que han encontrado en el arte motivo y salvación.

«¿Por qué lo haces?», dice Margarita que le preguntan al verla desandar con frecuencia hacia la casa de los abuelos 28 de septiembre, con sus libros y anécdotas a cuestas. «Porque ellos son felices, y yo también», suele ser su respuesta. Así, por más de una década, va esta señora de alma pura y hablar elocuente a defender el taller literario El derecho de vivir en esa institución. Incluso ahora, en medio de su viudez reciente, no ha cejado en el empeño.

Margarita, especialista de literatura de la casa de la cultura Tomasa Varona y coordinadora del taller literario El derecho de vivir.

Mercedes, al otro extremo de la ciudad, tampoco se rinde. Eso nunca. Se acerca al proyecto Raíces de San José, ensaya en casa, entre planchados y rutinas de cocina, porque sabe que nada la hace más feliz que verse frente a un público, venciendo los nervios y soñando en grande.

Mientras tanto, desde su hogar, Vistorte comparte con Mayra, su compañera, cada texto y proyecto de libro. Hasta el Centro Fidel Castro llegó una vez, asegura, y allá dejó una copia de uno de sus cuadernos.

Vistorte defiende la literatura a pesar de sus limitaciones físicas.

También a Betico lo vemos por ahí, desde la Dirección Municipal de Cultura, como promotor incansable, hasta cualquier sitio donde haga falta su talento. Décimas, cuentos populares, adivinanzas y otras creaciones, cobran vida en sus presentaciones. Al verlo, nos parece revivir a Juan Candela, el inolvidable cuentero de Onelio Jorge Cardoso.

Todos ellos, como muchos otros, laten al ritmo de nuestras tradiciones, superan las dolencias de una avanzada edad, abrazan los caminos insondables de la superación y, con la mayor humildad del mundo, nos alegran la vida. A esos aficionados de corazón, nuestra provincia tiene mucho que agradecerles, y no sólo por sostener aquí más del 90 por ciento de la programación cultural, sino por trabajar, a veces desde el anonimato y con el mayor de los sacrificios, para llevar a otros la buena obra.

Tú, que quizás como ellos, no te cansas y llevas hasta escuelas, comunidades u otros espacios, tantas expresiones de la cultura cubana, siéntete grande, respetado, útil. Esa es una buena manera de ser dichoso.

Escuche la Crónica aquí.

/lrc/

 

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