Cultura

Sostener la luz: por qué la cultura en Las Tunas no puede detenerse

Sostener la luz: por qué la cultura en Las Tunas no puede detenerse

​Las Tunas.- En medio de los complejos desafíos socioeconómicos que atraviesa Cuba, caracterizados por la escasez de recursos, prolongados cortes eléctricos y severas limitaciones logísticas, suele surgir una pregunta tan pragmática como incómoda: ¿por qué priorizar la realización de eventos culturales cuando las prioridades materiales parecen sofocar el día a día? La respuesta, lejos de encontrarse en el gasto superfluo, reside en la esencia misma de la supervivencia espiritual y comunitaria del país.

​Examinar este fenómeno desde Las Tunas, permite comprender que la cultura no es un lujo decorativo para tiempos bonitos, sino un pilar fundamental de resistencia.

Las Tunas posee una identidad moldeada por la resiliencia y la tradición. Es la tierra de la Jornada Cucalambeana, donde la décima y el verso improvisado conectan al campesino con sus raíces; es la sede del Festival de Magia Ánfora, que transforma los espacios comunitarios en escenarios de asombro; y es la Capital de la Escultura Cubana, con un paisaje urbano habitado por más de un centenar de obras monumentales que invitan al diálogo cotidiano con el arte.

​En tiempos de incertidumbre cotidiana, el arte opera como un espacio de descompresión emocional, un concierto, una obra de teatro o una lectura pública le devuelven al ciudadano la posibilidad del disfrute, del encuentro con el vecino y de la serenidad, elementos indispensables para sostener la salud mental.

Dejar morir los espacios culturales por coyunturas económicas implica el riesgo de romper la herencia de las tradiciones, sostener eventos como la Cucalambeana no es solo hacer fiesta: es certificar que el patrimonio campesino, la oralidad y la historia local no queden en el olvido.

Los artistas, desde los músicos hasta los artesanos y escritores tuneros, enfrentan los mismos apagones que el resto de la población, la realización de actividades garantiza la continuidad de su trabajo y dignifica su función social, demostrando que su vocación no es prescindible.

​Continuar haciendo cultura en el contexto actual no significa replicar fórmulas del pasado, el reto en Las Tunas pasa por reinterpretar la gestión cultural: apostar por formatos más íntimos, acústicos, y comunitarios.

​La verdadera «resistencia creativa» en la provincia radica en llevar la magia o la poesía a los barrios, escuelas y comunidades rurales, donde el valor simbólico de una actividad cultural se multiplica exponencialmente al llegar al corazón de la gente.

​Apagar la cultura para resolver contingencias materiales sería un error táctico de consecuencias profundas: las crisis económicas se superan con gestión y trabajo, pero la pérdida de la identidad y de la salud espiritual de un pueblo es un daño irreversible.

/lrc/

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