Las Tunas.- El internacionalismo denota a la Enfermería cuyas labores sobresalen en otros pueblos como integrantes del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias “Henry Reeve”, que desde Las Tunas llegaron a prestar servicios a otras naciones como la licenciada María de las Mercedes Riaño Almeciga, jefa de enfermería de la unidad quirúrgica, del Hospital Provincial Pediátrico Mártires de Las Tunas.
Quiso la vida que se convirtiera en profesional del sector porque sus aspiraciones iniciales la motivaron a elegir como primera opción la Carrera de Periodismo, «hoy pienso que si hubiese sido de otra manera, si pudiese escoger, pues entonces sí escogería en primer lugar la Enfermería sin lugar a dudas», así inició su diálogo con toda disposición en medio de un breve descanso de su jornada laboral.
«Me gradué como técnico de enfermería en 1991 y luego empecé a trabajar en este Hospital, adquiriendo experiencia en varios espacios asistenciales como supervisora, vigilante de higiene y epidemiología en las salas de las misceláneas, también como jefa de las salas de respiratorio y en ese tiempo, pues entonces comencé la licenciatura que concluí en el 2007 y hasta la fecha me mantengo aquí».
Merci -como muchos la tutean en muestra de cariño- es una mujer natural, elocuente, conocedora de los más difíciles procesos y técnicas de su perfil.
El año 2017 cambió su rutina diaria, llegó el llamado de cumplir misión como colaboradora de la salud de Cuba en Bolivia. Esta primera experiencia fuera del calor de los suyos marcó su vida profesional y personal, pues vivió junto a otros cubanos uno de los momentos más difíciles en su profesión, el golpe de Estado a Evo Morales en ese país.
«En Bolivia trabajé de instrumentista en el Centro Oftalmológico de Yacuiba, en el departamento de Tarija, una zona de campo muy bonita», comenta mientras su voz se apaga por momentos y revive instantes que la conmueven todavía 12 años después.
«Las personas allí fueron muy agradables, compañeros y muy amigos hasta que llegó el golpe de Estado, que transformó a las personas, fue muy duro ver que los compañeros con los que trabajamos día a día se cambiaran contra los cubanos en ese momento, fue triste, pasamos muchas vicisitudes, allí realmente conocí la maldad del ser humano».
La emoción no la deja casi expresarse, por instantes muestra la sensibilidad que envuelve a esta mujer sencilla y natural, mientras desliza su mano por el uniforme, buscando un nuevo giro en su conversación.
«Esa fue una misión no culminada, retornamos al país y me incorporé a trabajar hasta un nuevo llamado, y en esa espera, desgraciadamente llegó la pandemia de SARS-COV-2 y nos convocan para una de las brigadas de la “Henry Reeve” destinada a México donde permanecí durante tres meses, cuando estaba bien convulsa la epidemia.
«Fue dura la tarea y difícil al ver morir tantas personas, también adaptarse a la manera de trabajar de ellos pues no es igual a la de nosotros. Nos chocaba mucho llegar al trabajo y para atender a un paciente tenía que estar registrado en un sistema, por si tenía seguros médicos para su atención, y eso con nosotros aquí no es así.
«La Covid-19 era una enfermedad que no conocíamos, los protocolos estaban establecidos, pero no era nada en específico, sabías cómo entraba el paciente pero no cómo iba a evolucionar, cómo iba a ser tratado inicialmente y si evolucionaría de manera favorable.
«En esos países la pandemia cobró muchos fallecidos, me correspondió trabajar en un hospital pediátrico y allí vimos muchísimas cosas porque nos rechazaban, no nos aceptaban mucho y el trabajo así fue muy duro», detalla la experimentada enfermera.
«Inicialmente no estábamos convocados para México, íbamos para Argentina, luego se organizó esa brigada que inició la misión en ese país», refiere mientras intenta hablar sobre sus recuerdos ante aquella experiencia.
«Sabíamos lo que íbamos a enfrentar y en las condiciones excepcionales a las que nos someteríamos tras llegar allí, cómo salvar vidas y cuidarnos. Realmente todo fue muy difícil, pero cumplimos con la Patria».
Formar parte del ejército de batas blancas que ha respondido al llamado de las diferentes brigadas surgidas desde la constitución del Contingente, es un reconocimiento para Merci. Comenta mientras se emociona al hablar, «es un orgullo para todo el personal de salud, realmente lo vemos de esa manera porque es un compromiso que tenemos con la Patria.
«Sabemos a lo que nos enfrentamos cuando somos llamados, que vamos en condiciones especiales para un momento específico donde realmente ese país lo necesita».
Tras regresar a Cuba esta profesional de la enfermería tunera supo imponerse ante las vivencias que calaron profundamente en ella por la estela de daños y el impacto de la Covid-19 en la población global.
«Un poco afectada de ver tantos desastres, muerte y pánico de la población y de nosotros mismos, adecuarnos otra vez a la vida cotidiana llevó su tiempo, pero felizmente estamos incorporados al salón, sosteniendo esa entrega incondicional con los pacientes.
«Llevo alrededor de 20 años como jefa de esta unidad quirúrgica. El esfuerzo es diario y aún más en estos tiempos complejos marcados por la situación que atraviesa el país. Como profesionales, no puede faltarnos ese brazo de apoyo y esa disposición para servir donde más se nos necesite».
«Hoy la enfermería pediátrica tiene un elevado compromiso porque los niños llegan enfermos y las madres se afectan por la ansiedad ante la situación de sus hijitos. Entonces nos convertimos en ese apoyo emocional necesario, le explicamos y las convencemos que resolveremos cualquier situación por difícil que sea», concluye de manera breve su conversación sobre su experiencia laboral.
A propósito de cumplirse el aniversario 21 de creado el Contingente Internacional “Henry Reeve”, los profesionales de la salud como la enfermera María de las Mercedes Riaño Almeciga, quien figura en su colectivo por su humanismo y el compromiso como embajadores de la esperanza.
Aniversario XXI de un Contingente Internacional de médicos para el mundo
Era el año 2005 y, tras el duro azote del huracán Katrina al sur de Estados Unidos, el líder cubano Fidel Castro legó al mundo el servicio de un contingente de médicos especializado en situaciones de desastres y graves epidemias bajo el nombre de Henry Reeve.
Su objetivo, cooperar con su personal especialmente entrenado, en cualquier país que sufriera una catástrofe, como el impacto de huracanes, inundaciones, terremotos y epidemias.
Aunque inicialmente no se le permitió entrar a territorio norteamericano no tardó en mostrar su valía y en octubre del 2005, partió una brigada hacia Guatemala, afectada por intensas lluvias y grandes inundaciones, mientras en igual período llevaría a otros integrantes hasta Pakistán, ante uno de los sismos más devastadores en la historia de ese país del sur de Asia.
Desde ese año el Contingente Henry Reeve ha llegado a cientos de naciones para brindar también de manera solidaria y gratuita los cuidados asistenciales y el apoyo ante epidemias como el cólera en Haití, el ébola en África occidental, y en el enfrentamiento a la pandemia de covid-19 en Europa, África, el medio Oriente y diversos territorios del Caribe.
Su legado permitió que en el 2017 la Organización Mundial de la Salud le otorgara el Premio Memorial Lee Jong-wook, en reconocimiento a quienes han contribuido a sanar en las más difíciles circunstancias frente a desastres naturales y graves epidemias.
Hoy, cuando se cumple un nuevo aniversario de su constitución sus integrantes hacen honor con la entrega diaria a la medicina cubana y ratifican la disposición donde más se les necesite, enarbolando la huella del Contingente “Henry Reeve”, en defensa de la vida, bajo el principio de la solidaridad y el altruismo.

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