Por Maira Castro Lora
Las Tunas. En la escuela especial Luis Augusto Turcios Lima, de Las Tunas, desde el curso anterior reciben alumnos con la condición del espectro autista, atendidos por especialistas que aprecian logros en esta experiencia.
En su labor de sicopedagoga, Georja Torres Cruz (Gina) valoró como «lo más interesante que desde el inicio escuchábamos a los padres hablar de la rápida adaptación de sus hijos a esta escuela, a diferencia de otras de la Educación Primaria en que les había costado más trabajo».
La experimentada educadora, con 12 años reincorporada al sector, explicó que ese trastorno constituye un problema del neurodesarrollo y continúa en estudio, siempre en busca de las causas, porque ningún niño es igual a otro en sus manifestaciones.

«Tienen características que los marcan mucho, son poco sociables, se aíslan, tratan de evitar los ruidos, no se les puede hablar en voz alta y les molesta oír a muchas personas que hablen al mismo tiempo. Algunos tienen trastorno en el lenguaje y cuando no se les entiende se mortifican; hay que tener mucha paciencia para tratarlos.
«El curso pasado se incorporaron seis niños y en este aumentaron a ocho. Uno va aprendiendo con los alumnos y la familia. Tuve una experiencia maravillosa con uno de este año, cuando la mamá me trajo un cuaderno para mostrar lo que el niño había sido capaz de hacer con ella en la casa y sirve para transmitirlo a otras familias y a los propios docentes.
«Un logro fundamental ha sido la socialización, lo cual sorprende a la familia porque los niños no saludaban, a veces hasta se sentían mal con otras personas, sin embargo, con nosotros besan o ponen la cara y miran extrañados si no los saludamos.
«En un día de clases tuvimos un alumno que se quedó hasta las tres de la tarde, medio intranquilo porque estaba solo, pues ellos socializan con otros niños y se les indican tareas docentes como armar un rompecabezas sencillo, hacer un dibujo o manipular un juguete.

«Se les habla siempre de frente, de la actividad, porque si no pueden expresar en palabras lo que quisieran, al menos lo escuchan y lo entienden; a veces uno le dice que señalen la figura geométrica, un color, el número y la letra y lo pueden hacer.
«Los vinculamos con otros niños de la escuela y socializan bien, interactúan en la educación física o alguna actividad cultural dentro de la escuela y al que no desea estar lo separamos. Tenemos la experiencia bonita de un niño incorporado a la Colmenita de la Casa de cultura de Las Tunas; aprovechamos los recursos de la comunidad alrededor de la escuela.
«Siempre que la familia nos necesita ahí nos tiene; hay niños muy intranquilos, porque además tienen otra condición, la del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDH) que no pueden estar tranquilos, no miden peligros, actúan por impulso, o forman las perretas.
«Estas actuaciones de ellos de salir corriendo, caminar rápido de un lado a otro, saltar o esconderse, son crisis sensoriales. Ocurren a nivel de cerebro, como una forma de relajarse, pero hay que tener cuidado en el manejo familiar, social y educativo.
«Ante las crisis hemos tenido que prepararnos y buscar las causas, con amor, con cariño, porque siempre hay alguna; las trabajamos y el niño reacciona de forma positiva.
«Los niños que entraron el curso pasado se quedan hasta el mediodía y algunos hasta las tres de la tarde. Almuerzan bien; unos son selectivos con los alimentos, pero lo que les gusta se lo comen perfectamente y lo hacen solos, a veces con la orientación; la mayoría son del tercer grado, y siempre tenemos que ponernos en el lugar de ellos, buscar qué necesitan y qué vamos a hacer para ayudarlos».
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