Opinión

Detrás de la pantalla: el rostro real del ciberacoso

Detrás de la pantalla: el rostro real del ciberacoso

Un teléfono cabe en la palma de la mano, pero lo que ocurre dentro de su pantalla puede aplastar la tranquilidad de una vida entera.

Con el avance del comercio electrónico y la bancarización, las redes de comunicación nos abren puertas infinitas. Sin embargo, por esas mismas vías digitales también se cuelan sombras. El ciberacoso no es un juego de niños ni una simple «pesadez» de las redes sociales, es violencia real con impacto psicológico, laboral y familiar directo.

Mensajes despectivos, divulgación no consentida de fotos íntimas, persecución en perfiles y chantajes digitales. Detrás de un perfil falso o del anonimato que ofrece la distancia, el agresor busca aislar y vulnerar. Y aunque la pantalla sea de cristal, las heridas que deja no son virtuales.

La buena noticia es que el entorno digital no es una selva sin ley. Hoy existen herramientas técnicas para bloquear y denunciar el uso indebido de las telecomunicaciones, pero, sobre todo, existen redes humanas. Organizaciones como la Federación de Mujeres Cubanas, a través de sus Casas de Orientación, ofrecen asesoría para acompañar a las víctimas y romper el silencio.

Frente a la violencia virtual, la respuesta debe ser la responsabilidad colectiva. Educar a los nuestros en ciberseguridad, no ser cómplices compartiendo contenidos denigrantes y acudir a las instituciones cuando la privacidad se ve amenazada.

El espacio digital debe ser un lugar de conexión, no un territorio de impunidad. Apagar el teléfono no borra el problema, la empatía, la denuncia y la solidaridad comunitaria, sí.

/lrc/

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