Historia

26 de septiembre, cuando Las Tunas ardió por la libertad

26 de septiembre, cuando Las Tunas ardió por la libertad
Rememoración de los sucesos de 1876 (Tiempo21 Foto/ Reynaldo López Peña)

Las Tunas.- Hay fechas que no caben únicamente en los libros porque permanecen vivas en la memoria de los pueblos. El 26 de septiembre es una de ellas para los tuneros, un día que devuelve el recuerdo a aquel lejano 1876, cuando las llamas iluminaron el cielo de Las Tunas y escribieron una de las páginas más conmovedoras de las luchas por la independencia de Cuba.

La ciudad había sido tomada por las fuerzas mambisas lideradas por Vicente García González, tras una brillante acción militar que logró rendir una de las plazas más fortificadas del colonialismo español en el oriente cubano. Durante algunos días, la bandera de la libertad ondeó sobre calles y fortines, como anuncio de la República soñada por los patriotas.

Sin embargo, la proximidad de poderosos refuerzos españoles hacía imposible conservar aquella conquista. Llegó entonces la hora de una decisión dolorosa, pero profundamente revolucionaria. Antes que devolver la ciudad al dominio colonial, había que privar al enemigo de su principal bastión.

Frente a la inminencia del regreso de las tropas colonialistas, Vicente García tomó una decisión que lo inmortalizaría en la historia. Consciente del sacrificio que suponía ver arder su ciudad natal, pronunció una frase que aún estremece a los tuneros: «Tunas, con dolor en mi alma te prendo candela, pero prefiero verte quemada antes que esclava». Acto seguido ordenó iniciar el incendio por su propia vivienda, convirtiendo aquel gesto en uno de los mayores símbolos de desprendimiento y amor a la libertad en las guerras independentistas cubanas.

Las llamas consumieron techos, paredes y pertenencias, pero no pudieron apagar el espíritu de rebeldía que animaba a los mambises; por el contrario, el incendio convirtió a la ciudad en símbolo de resistencia y dignidad. El sacrificio de Las Tunas repercutió en toda la Isla y demostró que los cubanos estaban dispuestos a perderlo todo antes que renunciar a la libertad.

Junto al León de Santa Rita estuvo también una mujer de excepcional entereza: Brígida Zaldívar Cisneros, compañera de lucha y de vida del patriota tunero. Como tantas cubanas que abrazaron la causa independentista, compartió los sacrificios de la guerra y acompañó a su esposo en los momentos más difíciles.

Desde entonces, cada 26 de septiembre se evoca la grandeza de un pueblo capaz de levantarse sobre sus propias cenizas. En el resplandor de aquel incendio perdura el legado del León de Santa Rita y de quienes eligieron el camino más difícil para defender sus ideales. Porque aquella ciudad que ardió en 1876 sigue recordándonos, siglo y medio después, que hay valores capaces de sobrevivir incluso al fuego.

/lrc/

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