Las Tunas.- En Pueblo Viejo, Jesús Menéndez, nació un muchacho de corazón rebelde, Juan Manuel “Mel” Ameijeiras Delgado. Allí , conoció la línea férrea, escuchó los pitazos de las locomotoras de vapor, aspiró el olor a azúcar y por vez primera contempló el azul del mar.
Apenas veinte años le bastaron para inscribir su nombre en la historia, cuando decidió acompañar a Fidel en el asalto al cuartel Moncada, aquella mañana entre fuego y esperanza del 26 de julio de 1953.
Mel no llevaba más armas que su fe en la justicia y la certeza de que Cuba merecía un destino diferente. Fue capturado tras el combate y asesinado en el propio cuartel. Su risa se apagó demasiado pronto y no alcanzó a ver la aurora de la libertad, pero su sangre germinó como árbol fecundo, cuyo fruto sería la independencia de Cuba.
La dignidad del joven combatiente se levantó en las hazañas de los integrantes de la Columna 6 del Ejército Rebelde que lo tuvieron como guía, y en el hospital que honra a los hermanos Ameijeiras, cuya familia es un retrato vivo de la grandeza de los tuneros, un hogar humilde que dio al país hijos capaces de convertir el dolor en legado.
Juan Manuel cayó en el Moncada, Machaco y Gustavo fueron mártires de la lucha clandestina y Efigenio, fundador de la primera célula del Movimiento 26 de Julio, expedicionario del Granma y guerrillero en la Sierra Maestra.
La historia de Mel y de sus hermanos nos permite citar a Fidel: «La estirpe de los Ameijeiras es un ejemplo conmovedor de heroismo que recuerda a la familia de Los Meceo».
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