Las Tunas.- La desertificación es uno de los peligros que acechan a los suelos de la provincia de Las Tunas, evaluados en más del 80 por ciento de regulares y malos, por su escasa capacidad productiva para la mayoría de los renglones agrícolas.
Dicho así, quizás no resulte preocupante. Pero, cuando se analiza que con esas condiciones se debe obtener la mayor parte de los alimentos que demandan los tuneros, entonces se aprecia cuánto urge fortalecer el programa de recuperación de los suelos degradados.
Cada año se destina una enorme cantidad de dinero para beneficiar al recurso natural más importante para la siembra de granos, viandas, frutas y hortalizas y esas acciones las pueden realizar las entidades responsables o los propios tenentes, estatales o del sector privado.
Ejemplos hay varios. Pero, nunca será suficiente cuando de mejorar los suelos se trate porque en el territorio tunero se reporta erosión, poca profundidad efectiva, mal drenaje, salinización y otros fenómenos que paulatinamente degradan la tierra y le restan nutrientes.
La desertificación data de muchos años atrás y aunque es un proceso lento, ya se aprecian sus efectos en cerca del 30 por ciento de la superficie de la provincia, ocasionado en primer lugar por la sequía acumulada durante décadas.
También se debe al mal manejo de los suelos por parte de los productores y esa es la causa sobre la que se puede actuar de inmediato para revertir la situación actual y, de paso, favorecer la ocurrencia de precipitaciones en esta región, la más seca del país.
Está demostrado que el mejoramiento y la conservación puede hacerse realidad en las fincas, parcelas y otros escenarios mediante la introducción de algunas prácticas agroecológicas y otros cuidados, entre los sobresale el empleo del compost y diferentes productos biológicos.
No obstante, es preciso insistir en que no se aprovechan adecuadamente algunos biofertilizantes, como el humus de lombriz, que incrementa la disponibilidad de nutrientes en las áreas productivas y, por consiguiente, la fertilidad del suelo y las cosechas.
Los procesos naturales de la tierra son lentos; sin embargo, pueden agilizarse con el empleo del estiércol y el Ecomic, la reforestación de zonas vulnerables y otras acciones que conduzcan a garantizar una agricultura sostenible y sustentable, para bien del suelo en lo particular y la producción de alimentos en lo general.
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