Las Tunas.- El capitán de los Leñadores no jugará la IV Liga Élite. Decisión personal. Y Las Tunas, de repente, se queda sin sus bases robadas, sin sus corridos, sin sus fildeos, sin esa alma inquieta que llevó al equipo a la cima.
Yunieski Larduet Domínguez, el veloz jardinero central nacido en el poblado de “Colombia”, simplemente no estará. Por decisión personal. Y esa frase, dicha en voz baja como todo lo que hace, pesa más que cualquier estadística.
Porque Larduet no es solo el primer bate. Fue el que logró, hace tan solo unos meses, que los Leñadores tuvieran la oportunidad de pasar a la semifinal de la Serie Nacional 64. El que, con orgullo, dijo aquella vez: “Así juegan los grandes”.
El que formó con Andrés Quiala ese dúo inseparable que hizo triunfar a Las Tunas.
Pero si hay un pasaje que resume al «Capi», no es un jonrón ni un fildeo imposible. Es una base robada. Una más. Corría el 30 de abril de 2022. Estadio Calixto García. Larduet, sin saberlo, perseguía la historia. Recibió boleto, se lanzó a la aventura y, burlando al receptor Franklin Aballe —uno de los mejores guardianes del béisbol cubano—, robó su base 181. Dejó atrás la marca de Ermidelio Urrutia.
Entre sus 27 y 37 años, Larduet fue el Enriquito Díaz de su generación, con sus 102 robos en 141 intentos (72.3% de efectividad). También fue noticia cuando igualó la hazaña de seis bases robadas en un partido, mérito que comparte ahora con José Estrada, Víctor Mesa y el propio Ermidelio Urrutia. Tras embasarse en seis ocasiones durante la victoria 4×3 de los Leñadores ante Matanzas.
Cada estafa del tunero es un nuevo récord para el Balcón de Oriente. Hoy lleva 263. Y por ahora se queda ahí. Pero nada de eso duele más que saber que cuando los Leñadores salgan al terreno, no estará ese corredor que convirtió el robo en un arte. Larduet es alma. Y Las Tunas, desde ya, extraña sus fildeos, sus corridos, sus almohadillas estafadas. El capi, tranquilo, silencioso, siempre líder. Pero ya no estará con los suyos.