Salvar vidas, su deber y voluntad

1 de Ago de 2020
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La Herradura, (Jesús Menéndez).-  Ni el sol, ni el persistente brillo del mar pueden con Dennis Utria Barrera.  A veces los conocidos llegan a saludarlo y tampoco logran sacarlo de sus actividades porque sabe que en su labor lo fundamental es la concentración, además de la mirada.  Y es que sus ojos son la principal arma.  Luego, los brazos y las piernas, para correr y nadar con agilidad en los instantes en que el peligro acecha.

Él es salvavidas.  Lo dice su pullover con la cruz roja, símbolo de la organización de igual nombre. También lo dicen sus hechos, porque ¿qué otra cosa impediría a un joven disfrutar de las frescas y transparentes aguas de la playa La Herradura?

Todos juegan, se entretienen y se divierten y él solo vigila como guardián de los bañistas, especialmente de los niños, esos inocentes que no saben de peligros.

«Aquí hay dos tareas.  La principal es prevenir ahogamientos que puedan suceder y la otra es mantener el distanciamiento social entre las personas, por la situación que tiene el país con la enfermedad Covid-19.  Si por casualidad llega algún enfermo hay menos riesgos si la gente está separada de los demás.

«A las personas les sugiero que no lleven bebidas alcohólicas al agua porque hay más posibilidades de que ocurra un accidente.  Incluso, cuando se embriagan, pueden hacer cosas incorrectas en el agua, más peligrosas.  Lo otro es que, al tomar todos de una misma vasija, hay más riesgo de contagio».

Para Dennis todos los vacacionistas son importantes; pero, insiste en que con los niños tiene un cuidado extremo porque son más vulnerables.

«Ellos llevan una atención especial porque los padres a veces se descuidan y hay que tener más vigilancia.  Algunos, los menos, se ponen a tomar, a divertirse y se olvidan, hay que estar mirándolos porque los muchachos se ponen sus balsitas; pero, pueden tragar agua.  Hay que estar atentos.

«El pasado año tuve un caso.  Fue en la piedrita que hay en la playa.  Los padres estaban entretenidos conversando.  El niño se cayó y yo tuve que salir rápido a hacer el rescate.  Gracias a Dios el niño está sano y salvo.

«Los padres agradecieron.  Incluso la madre hasta lloró de la alegría y reconoció el trabajo nuestro aquí en la playa».

El verano avanza y este joven deja a un lado algunos placeres para hacer bien su trabajo y, si fuera necesario, salvar vidas. Espera que transcurra el período estival de manera tranquila, sin sobresaltos.

«Pienso poner el mismo empeño, ciento por ciento.  Me gusta que todo el mundo venga a la playa y disfrute y se vaya por la tarde sin tener ningún disgusto».

/mdn/

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