Las Tunas

La vida de un hombre al servicio de la luz

La vida de un hombre al servicio de la luz
Alfredo Pérez González: una vida al servicio de la electricidad, marcada por la entrega, la innovación y el compromiso con el desarrollo de Las Tunas (Tiempo21 Foto de la autora)

Las Tunas.- El 26 de octubre de 1913 Las Tunas vivió una jornada que marcaría para siempre su historia con la inauguración de una planta eléctrica impulsada por el español Francisco Gutiérrez Calderón, acontecimiento que permitió encender por primera vez las luces eléctricas de la ciudad y abrió las puertas a una nueva etapa de desarrollo económico y social para el territorio, considerado desde entonces uno de los hitos más importantes en la modernización local.

Con motivo de esta fecha conversamos con Alfredo Pérez González, trabajador de la Empresa Eléctrica por más de cuatro décadas. Su historia personal está estrechamente ligada a la evolución energética de Las Tunas, desde los años en que la ciudad dependía de grupos electrógenos diésel hasta la integración al Sistema Electroenergético Nacional.

“Nací el 6 de octubre de 1943 y de joven pertenecía a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). En aquellos años la situación era complicada porque muchos de los trabajadores especializados en la rama eléctrica abandonaron el país. Hay que recordar que la entidad  había sido una compañía norteamericana y faltaba personal para atender los grupos electrógenos que abastecían la ciudad.

“Ante esa problemática solicitaron mi incorporación a la actividad Eléctrica y en 1964 comencé a trabajar allí, en el área donde actualmente se encuentra la armazón para la sala de concierto. Me presenté junto a un hombre que fue muy importante en mi vida profesional: Alberto Vega González, quien era el jefe de la planta eléctrica en aquella época. Bajo su guía di mis primeros pasos en una profesión que me acompañará el resto de la vida.

“Entré como ayudante. Fueron apenas dos meses, pero decisivos porque Vega me enseñó prácticamente todo lo relacionado con la operación de las plantas. Aprendí cómo se ponían en línea, cómo se retiraban del servicio eléctrico, cómo se mantenían y cómo responder ante cualquier situación.

“Poco tiempo después la persona con la que trabajaba abandonó el país y me quedé ocupando la plaza de operador. Luego pasé un curso en Holguín y continué desempeñando esa responsabilidad”.

De una ciudad iluminada por tres plantas a una red en expansión

“El servicio eléctrico en esa época era muy diferente al que conocemos hoy. La electricidad apenas llegaba a una parte de la ciudad. Las líneas más extensas alcanzaban la finca de Oscar Varona, donde está el Palacio de Pioneros y otra se extendía hacia El Club Familiar.

“No existía el nivel de consumo de hoy. En las viviendas había muy pocos televisores, refrigeradores y equipos eléctricos. Con tres plantas de mil kilowatts se cubría toda la demanda de la ciudad.

“Recuerdo que durante la madrugada la carga disminuía poco a poco hasta el punto de dejar una sola planta funcionando. No había consumo suficiente para mantener el resto.

“La ferviente Revolución propició un crecimiento enorme. A medida que avanzaban los años se construían nuevas infraestructuras y las redes eléctricas se extendieron por toda la provincia. Hubo años en que se ejecutaron más de 200 kilómetros de líneas y en ocasiones hasta 250.

“Poco a poco el servicio se desconcentró del casco urbano y llegó a las zonas rurales y a los municipios. Fue una transformación impresionante.

“La empresa también fue creciendo. Cuando yo entré no llegábamos a cien trabajadores. Era una entidad pequeña que con el tiempo fue ampliando sus servicios, aumentando el personal y asumiendo nuevas funciones.

Una trayectoria construida desde múltiples responsabilidades

“Pasé por casi todas las áreas donde hacía falta alguien. Trabajé como operador de plantas y posteriormente, por necesidades de la entidad, me trasladaron a Buenaventura en la provincia de Holguín para desempeñarme como jefe de planta eléctrica. Allí permanecí alrededor de cuatro años.

“Guardo recuerdos muy especiales de esa etapa porque formé allí mi familia. Mis hijos mayores nacieron precisamente de esa relación que construí durante mi estancia en Buenaventura.

“Cuando regresé a Las Tunas surgió otra necesidad: no había quien atendiera el transporte de la empresa. Como también era mecánico, me propusieron asumir esa ctividad. Estuve alrededor de seis o siete años como jefe de transporte. En aquella etapa atendíamos toda la provincia: Puerto Padre, Jobabo, Amancio, Colombia y el resto de los municipios. Y tenía solo una moto para moverme por todos esos lugares.

“Después pasé a ser jefe de talleres y también atendí las producciones varias. En aquel taller se fabricaban y reparaban numerosos medios necesarios para el trabajo de la empresa. Se hacían sellos para metrocontadores, recuperábamos componentes y producíamos distintos recursos que muchas veces no podían adquirirse por otras vías.

«En determinado momento fui llamado otra vez a prestar servicio en las FAR durante algunos años. Más tarde cumplí misión internacionalista en Angola y al regreso retomé mis funciones en la Empresa Eléctrica

“Más adelante participé en la atención de grupos electrógenos destinados a garantizar grandes actividades y eventos. Junto a otro compañero fui seleccionados para asegurar la generación eléctrica durante visitas de dirigentes del país y en numerosas tribunas abiertas que se realizaron en distintas provincias.

“Era una responsabilidad muy grande porque de nosotros dependía que aquellos actos contaran con respaldo energético.

“Posteriormente, tras el fallecimiento de Alberto Vega González, asumí la tarea de atender los grupos electrógenos de emergencia, labor que desempeñé hasta mi jubilación.

La dedicación, la constancia y el amor por su trabajo hicieron a Alfredo Pérez González merecedor de múltiples reconocimientos.

Innovaciones que evitaron pérdidas y generaron ahorros

“Recuerdo especialmente una innovación relacionada con el aceite de los transformadores. En aquella época se prescindía de él cuando acumulaba humedad. Yo trabajé en el diseño de un equipo que permitía recuperarlo.

“Construí una máquina mediante la cual el aceite se filtraba y se calentaba a través de una resistencia. Con ese proceso perdía la humedad y podía reutilizarse nuevamente en los transformadores. Lo que antes terminaba convertido en desecho volvió a tener utilidad, aportando considerables ahorros y un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles.

“También desarrollé varias innovaciones en el área de transporte, etapa en la que logramos indicadores muy favorables. Llegamos a mantener cerca del 98 y 99 por ciento de disponibilidad técnica del parque automotor, algo muy importante para una entidad que depende constantemente de los medios de transporte”.

Alberto Vega González: la huella de un hombre consagrado a la electricidad

“Representó muchísimo para mí y para numerosos eléctricos. Siempre digo que Alberto Vega merece ser recordado con letras de oro. Fue un hombre extraordinario. Reparaba equipos, fabricaba piezas, solucionaba averías y conocía las plantas como nadie. Dedicó su vida a ese trabajo.

“Toda su familia terminó viviendo en Estados Unidos y le ofrecieron irse muchas veces pero él nunca quiso abandonar su país ni su profesión. Permaneció aquí hasta el final. Fue mi maestro y el maestro de muchos trabajadores del sector de esta provincia”.

La satisfacción del deber cumplido

“Me siento eléctrico como el primer día. Siempre les digo a los jóvenes que amen su profesión. El que se enamora de lo que hace será siempre un buen trabajador.

“Yo quiero a la Empresa Eléctrica como se quiere a la familia. Allí trabajé donde hizo falta, asumí las tareas que me asignaron y siempre traté de dar lo mejor de mí.

“Estoy jubilado, pero sigo participando en actividades de la empresa, comparto con mis antiguos compañeros y continúo sintiéndome parte de ella. Porque hay cosas que uno no abandona nunca, y una de ellas es el orgullo de haber dedicado toda una vida a mantener encendida la luz de su pueblo”.

Las medallas atesoran una historia de trabajo, innovación y perseverancia construida por Alfredo Pérez González a lo largo de su vida laboral.

/lrc/

Deja un comentario