Las Tunas.- En la dinámica urbana de nuestras comunidades, el atardecer trae consigo una estampa tan cotidiana como devastadora: densas columnas de humo gris que se elevan desde el fondo de un patio, la esquina de un descampado o la acera de una avenida.
Lo que para muchos vecinos continúa siendo un método fácil para desaparecer las hojas secas, el plástico del envasado o los desechos del hogar, constituye en realidad un acto de violencia ambiental y un atentado directo contra la salud pública.
Existe una falsa premisa cultural que asocia la quema de basura con la limpieza. Se quema para eliminar el volumen de desperdicios, para ahuyentar insectos o simplemente para suplir la ineficiencia —o ausencia— del sistema municipal de recogida de residuos.Sin embargo, la física y la química no entienden de intenciones: la basura no desaparece, solo cambia de estado físico y pasa a dispersarse en el aire que todos respiramos.
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