Las Tunas.- En la Víbora, barrio habanero de memorias y rebeldías, nació el 18 de abril de 1907 Raúl Roa García, nieto de un mambí que combatió junto a Ignacio Agramonte.
Desde joven, la herencia patriótica y las lecturas martianas lo hicieron hombre de verbo ardiente y pensamiento rebelde. A los 18 años escribió sobre Martí y fue protagonista de la protesta estudiantil contra Machado.
Su vida transitó entre cárceles, exilios y aulas; siempre con la pluma y la voz como trincheras. Con el triunfo de la Revolución en 1959, Roa asumió la cancillería y convirtió los foros internacionales en escenario de lucha. En la ONU denunció los bombardeos previos a Playa Girón y proclamó con fuerza “Patria o Muerte, ¡Venceremos!”.
En agosto de 1960, durante la Séptima Reunión de Consulta de la Organización de Estados Americanos (OEA), en San José, Costa Rica, Raúl Roa se levantó del escaño y abandonó el recinto en protesta contra las presiones de Estados Unidos, que buscaba legitimar el aislamiento de Cuba y preparar el terreno para el bloqueo económico. Antes de retirarse pronunció la frase que lo inmortalizó: “Me voy con mi pueblo y con mi pueblo se van también los pueblos de nuestra América”.
Su estilo era único, mordaz, culto, apasionado. Sus discursos eran combates y sus palabras eran proyectiles contra la injusticia; por eso el pueblo lo bautizó, el Canciller de la Dignidad, título que resume su legado, porque además de diplomático, fue profesor y autor de varias obras entre las que destaca: Historia de las doctrinas sociales.
Hoy Cuba sigue levantando su voz en los organismos internacionales para denunciar el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, las sanciones que buscan asfixiar su desarrollo y las amenazas de invasión que han marcado décadas de estoicismo.
Raúl Roa se marchó físicamente el 6 de julio de 1982, pero su voz firme sigue resonando en cada tribuna donde Cuba defiende su soberanía. Fue el hombre que convirtió la diplomacia en trinchera y la palabra en arma, dejando como legado la certeza de que la dignidad no se negocia, se proclama.