Opinión

El monumento a Amancio Rodríguez, patrimonio que exige respeto

El monumento a Amancio Rodríguez, patrimonio que exige respeto
(Tiempo21 Foto del autor)

Amancio, Las Tunas.- Hay lugares que no son simples espacios físicos. Son sitios que guardan una parte de nuestra historia, de nuestra identidad y de la memoria de quienes nos precedieron.

El monumento erigido en honor a Amancio Rodríguez Herrero, líder azucarero que da nombre al municipio, constituye precisamente uno de esos lugares. Allí no solo se levanta una obra en piedra, permanece el recuerdo de un hombre vinculado a las luchas y aspiraciones de los trabajadores azucareros, una memoria que tenemos el deber de preservar y transmitir a las nuevas generaciones.

Resulta preocupante observar cómo, especialmente en horas de la tarde, algunos niños y adolescentes utilizan los alrededores del monumento como espacio de juegos. Puede parecer una acción inocente, propia de esas edades, pero cuando un sitio histórico se convierte en escenario habitual de recreación, existe el riesgo de que sufra daños o se deteriore con el paso del tiempo.

No se trata de prohibir por prohibir. Se trata de educar, explicar y hacer comprender. Nuestros niños necesitan saber por qué ese lugar merece respeto, quién fue Amancio Rodríguez, qué representa para el municipio y por qué debemos cuidar cada espacio que forma parte de nuestra historia.

El llamado es, en primer lugar, a las familias. Padres, madres, abuelos y demás parientes tienen una responsabilidad esencial. Cuando veamos a nuestros niños jugando en un sitio que debe ser preservado, no basta con observar, hay que conversar con ellos, explicarles y enseñarles que cuidar el patrimonio también es una forma de honrar a quienes hicieron historia.

La comunidad, igualmente, debe asumir su papel. El cuidado de nuestros espacios históricos no puede recaer únicamente en una institución, es una tarea colectiva.

Y cuando inicie el nuevo curso escolar, las instituciones educativas están llamadas a desempeñar un rol clave. La historia local debe salir de los libros y convertirse en herramienta para formar valores. Que nuestros estudiantes conozcan al mártir, que sepan por qué existe ese monumento y comprendan que respetarlo es también respetar nuestra identidad. No esperemos a que el deterioro sea visible para actuar. Prevenir también es preservar.

El monumento a Amancio Rodríguez Herrero pertenece a los amancieros. Cuidarlo es un deber de todos.

/abl/

 

Deja un comentario