Por Giosber Pérez Tamayo
Amancio, Las Tunas.- En Cuba, donde cada peso cuenta y cada transferencia puede significar la comida de una familia, los estafadores han encontrado un terreno fértil para actuar.
Ya lo común no es robar forzando una puerta o arrebatando una cartera en plena calle. Ahora roban detrás de la pantalla de un teléfono. Se esconden tras un perfil falso, una llamada convincente o una captura de pantalla manipulada. Cambiaron la violencia por el engaño, pero el daño sigue siendo el mismo.
Las historias se repiten cada vez con mayor frecuencia. En el municipio de Amancio algunos individuos llaman haciéndose pasar por oficiales de prisiones y contactan a familiares de reclusos, alegando que tuvieron problemas y requieren con urgencia una transferencia. Todo resulta ser falso.
También están quienes se aprovechan de las personas que reciben remesas y utilizan métodos cada vez más manipuladores, exigiendo dinero por supuestos paquetes que nunca llegan. Otros se hacen pasar por trabajadores por cuenta propia reconocidos en la localidad y aseguran necesitar una compra urgente mediante transferencia, o prometen facilitar el acceso al salario sin acudir a las colas del banco. Facilitan incluso un número de tarjeta y, cuando la víctima transfiere y verifica, descubre que ha caído en una trampa.
Lo más preocupante es que detrás de cada estafa no solo hay una pérdida económica, hay frustración, impotencia y desconfianza. Cuando alguien pierde el dinero de un mes de trabajo, no pierde solo billetes; pierde esfuerzo, sacrificio y la tranquilidad de su familia.
La tecnología llegó para facilitar la vida, no para convertirse en herramienta al servicio del delito. Pero la tecnología, por sí sola, no protege a nadie. La protección nace de la información, la prudencia y la responsabilidad compartida.
Por eso es indispensable verificar antes de confiar. Ninguna llamada justifica revelar códigos de seguridad o contraseñas y ninguna urgencia debe obligarnos a actuar sin comprobar los hechos.
Combatir este fenómeno requiere educación, prevención y una respuesta firme frente a quienes hacen del engaño una forma de vida. La confianza es un patrimonio social que cuesta años construir y apenas unos minutos destruir.
Frente a los estafadores, la mejor defensa es un ciudadano informado, atento y consciente de que, en el mundo digital, la prudencia tiene el mismo valor que el dinero que con esfuerzo se obtiene.
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