Por Maira Castro Lora
Las Tunas.- «En el 2024 regresé para mi escuela, como siempre la he llamado, el seminternado Israel Santos Santos», afirma en esta ciudad Valentina Leyva Leyva, cuya labor ininterrumpida por más de 50 años amerita el reconocimiento laboral y social.
La jubilación no significó un alejamiento de la escuela. Recontratada de inmediato en el seminternado, Valentina continuó aportando su experiencia desde las aulas y otras funciones que ha desempeñado durante su extensa trayectoria, de la que hoy comparte vivencias con motivo del Día Internacional de las y los Docentes, celebrado cada 5 de octubre por la UNESCO.
«Es un placer trabajar en esta escuela porque siento una pertenencia como parte de mi propia formación, mis años de servicio y el amor que le tengo a la Educación, por tanto, me siento realizada a pesar de que en la edad de jubilación pudiera estar en mi casa descansando, pero las circunstancias me permiten trabajar y aportar un poco más.
Durante 16 años dirigió ese centro, pero en 2002 la nombraron directora de la sede Pedagógica en el municipio cabecera, a lo cual se sumaron dos años como colaboradora en la República Bolivariana de Venezuela, profesora del Departamento de Educación Primaria y la Dirección de cuadros hasta integrarse las dos sedes en la Universidad de Las Tunas.
«Me sentía muy bien como profesora universitaria; en ese tiempo aprendí muchísimo, hice la Maestría, me categoricé y fue un crecimiento profesional inigualable; pero dadas las circunstancias de la distancia y el transporte volví para mi escuela.
«Aquí vine como coordinadora; por necesidades de la escuela asumí la docencia de sexto grado en el área de Humanidades durante dos cursos y he vuelto a la función inicial.
«Estamos en un buen colectivo de docentes muy consagrados, cumplidores y puedo aportarles mis experiencias, ayudarlos tanto en lo metodológico como en la práctica de todo lo que enseñan a los educandos de estos días.

Logros en la enseñanza-aprendizaje
«El trabajo con la familia es muy interesante porque contribuye y al mismo tiempo se beneficia; vemos resultados, por ejemplo, los dos cursos anteriores la escuela ha sido ganadora con varios estudiantes en concursos nacionales; es un mérito ya el entusiasmo de los alumnos de quinto y sexto grado por participar en los concursos a distintas instancias y nosotros contribuimos en ese desarrollo del aprendizaje.
«En Historia de Cuba y Lengua Española de sexto grado tuve concursantes con medalla de oro; pero lo que más me llama la atención es cómo quienes no obtuvieron ese resultado quedaron tan motivados que ya en secundaria básica me dicen que siguen como monitores y concursantes y nos agradecen por sus avances.
«Siempre quise ser maestra, nunca soñé con otra profesión. Desde niña jugaba a dar clases en una escuelita que yo misma instrumentaba con animales y las muñecas; a los catorce años, en la localidad rural de Levanón, donde vivía, se dio la necesidad de un maestro en 1969.
«Tuve la responsabilidad de asumir un aula, sin ninguna preparación porque me sumé al movimiento de Maestros Populares, a raíz del llamado del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, después de la Campaña de Alfabetización y los maestros emergentes.
«Desde esa fecha y hasta la actualidad nunca he dejado de ejercer la profesión; fui maestra primaria del rural, siempre en el primer ciclo, después me nombraron inspectora y cuando la división político-administrativa en 1976 vine a trabajar a la ciudad de Las Tunas, de directora en la escuela Guillermo Tejas; así fui creciendo como profesional y al mismo tiempo como cuadro.
«Mi sentido de pertenencia es el de maestra primaria, eso me encanta; enseñar a los niños de la educación primaria es tan agradable y bonito que te sientes realizada cuando los ves aprender y desarrollarse a la par tuyo».
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