Cultura

Leandro y sus luces en el abismo

Leandro y sus luces en el abismo
(Tiempo21 Fotos/ Yanet Pavón)

Las Tunas.- Cuando las manos tejen sueños con la mirada absorta en otra dimensión; cuando el pecho es un laberinto y el cerebro, el Big bang de todo lo prohibido; cuando una mirada te atraviesa el alma, te juzga y se rebela; hablemos de arte.

Cuando policromía y sofisticación son la carátula de algo más; cuando la libertad se esconde en el deseo; cuando la vida es un insecto simbólico que se posa en el sitio exacto donde habitas; cuando la magia existe porque le damos forma y lo creemos; hablemos de arte.

Cuando el peso de las alas te corroe; cuando el enigma se escapa por los ojos; cuando invocamos lo invocable (a nosotros mismos) y el pecho es un volcán a punto de explotar; y nos salen raíces, y levitamos, y nos perdemos de aquí y de cualquier lugar; hablemos de arte.

Porque, qué es el arte sino la búsqueda incesante dentro del ser, con luces y abismos incluidos. Qué es el arte si no te saca una emoción, si no te sacude el pensamiento, si no te llega adonde tenga que llegar.

Leandro Pérez Figueredo es muy joven aún para saberlo (¿alguien podría?), al menos en la profundidad que ameritan códigos antropológicos, filosóficos, psicológicos… Pero, desde su obra emerge una garganta profunda que se traga pupilas e interrogantes. En sus cuadros dialogan, con similar fuerza, tensiones, caos, sensualidad, lirismo, naturaleza… Con tonalidades fuertes, sí, ¿qué pasión no las tiene? Pareciera que brotan de las venas del pintor la savia con que laten sus lienzos. ¡Boom! ¡Boom! Nos parece escuchar la onomatopeya.

La figuración y el simbolismo abrazadas (abrasadas) en peculiar estridencia. Evocaciones, traumas, memorias, pérdidas, olvidos, resurrecciones… Todo ello como parte de una narrativa donde el cuerpo humano es más de lo que dice ser.

Vemos el onírico reflejo de fragmentaciones existenciales, destellos de Art Nouveau, figuras que te miran con la fuerza huracanada de la transgresión…

Paradójicamente, también pululan elementos «inocentes» (como flores) que no le restan sentido a la atmósfera, al contrario, le imprimen contraste y conminan a pensar en esa aparente incongruencia que nos circunda algunas veces.

Un discurso con códigos propios, algo de futurista y tradicional a la vez, místico y contemporáneo, real y ficticio. Y es precisamente allí, en ese golpe de contradicción y sinestesia, donde terminamos encontrándonos.

Leandro Pérez Figueredo expone ahora la exposición Umbrales de la conciencia en el Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, justo al frente del parque Maceo. Sus cuadros nos conminan al deleite. Ahora el espectador terminará la obra con el diálogo de sus pupilas curiosas. Hablemos de arte…

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