Las Tunas.- Los oficios son hilos que tejen la identidad de un pueblo, desde la cerámica que guarda la frescura del barro, la talla en madera que acaricia la historia y la guayabera que ondea como símbolo nacional, hasta aquellos que se desvanecen en silencio como el zapatero remendón o el talabartero; pero entre ellos hay uno que parece hecho de luz y paciencia, el plateador de espejos.
Detrás de esa labor encontramos a Mario Jesús Batista Pérez, Mayito para la mayoría, quien ha dedicado parte de su vida a devolverle al mundo la transparencia de los cristales.
“En el año 1987 cursé una escuela en Holguín y me formé como plateador de espejos y también aprendí la cristalería. Al graduarme me incorporé a trabajar en la Empresa de Muebles «Ludema» y en el 2010 comencé a realizar la labor como cuenta propista, pero sin abandonar mis funciones en la fábrica.
”Me dedico a hacer espejos para carros, motos y motorinas; los reparo y aporto porque esa es una labor que casi nadie realiza. Al existir pocas personas dedicadas a esta profesión, tengo una amplia demanda.
“A mi casa vienen personas de todos los municipios de Las Tunas y de otras provincias, también rastreros que pasan de La Habana para Santiago y han tenido referencia de mi trabajo; pitan aquí y enseguida salgo.
“Existen quienes venden los espejos completamente hechos porque los importan, pero yo los hago y es más económico confeccionarlo en el mismo marco que traen según el tipo que necesiten.
“No es que de mucho dinero como algunos creen, otros oficios aportan más monetariamente, pero al menos mantengo este trabajo que es muy necesario para los choferes. Lo hago porque de verdad me gusta”, cuenta mientras de sus ojos brota la satisfacción de sentirse útil.

Los tiempos que vivimos mantienen apretados los bolsillos de todas las familias cubanas, pero Mayito nunca deja la solidaridad a un lado. En su casa ubicada en la calle 15 número 32, en el reparto Aguilera de la ciudad de Las Tunas, y dialogando con su compañera de vida por más de 33 años, Yusleydis Tellez Montenegro, conocimos de los aportes que realiza, lo cual motivó a conocer los detalles.
“Yo no le cobro los servicios a los choferes de las ambulancias y a otros de organismos que a veces no cuentan con el dinero para pagar”, dice con total modestia.
Sin duda alguna, el oficio que realiza este tunero le permite contribuir más de lo que imaginamos. Calculemos, por ejemplo, cuántos accidentes ha ayudado a prevenir al confeccionar espejos interiores, ubicados en el centro del parabrisas y que permiten ver lo que ocurre detrás de los vehículos, o los exteriores situados en ambos lados que favorecen observar el tráfico lateral y los puntos ciegos, por solo citar dos de los tipos existentes.
A sus casi 66 años de edad -42 de los cuales ha desempeñado en la Unidad Empresarial de Base Ludema- y satisfecho por lo que hace, por la familia que ha construido y en la cual denotan los valores humanos; Mayito no pretende abandonar este oficio porque es un servidor público y como tal quiere seguir apostando por la vida de los demás. En sus manos, el vidrio opaco recupera la claridad perdida y cada reflejo vuelve a contar historias.
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