Las Tunas.- Cada tercer domingo de julio Cuba despierta con un coro de risas que atraviesa plazas y parques. Es el Día de los Niños, la jornada en que la mayoría se detiene para mirar a sus hijos y regalarles un universo de colores.
En el país, los globos pintan el cielo y los payasos arrancan carcajadas con su magia ingenua. Los títeres cobran vida en manos artesanas y los juegos tradicionales -la soga, la carrera de sacos, la rueda de canciones- devuelven a los adultos la memoria de su propia infancia. Es una familia que juega con sus hijos, que se disfraza de ternura para que la inocencia sea protagonista.
La celebración no se limita a la fiesta, llega también a hospitales pediátricos, a casas de niños sin amparo parental, a comunidades donde la solidaridad se convierte en regalo, porque el Día de los Niños es un recordatorio de que la infancia merece cuidados, cultura y alegría.
Cada tercer domingo de julio Cuba se convierte en un escenario de esperanza, en un parque inmenso donde la risa infantil es la música que todo lo envuelve.