Puerto Padre, Las Tunas.- Cuando el 19 de julio de 1964 el joven Ramón López Peña asumió su turno de guardia como soldado en la Brigada de la Frontera que limita con la ilegal Base Naval de Guantánamo, no pensó que ese sería el último, sabía del peligro, de las constantes amenazas y provocaciones, mas la entereza y el deber eran sus armas morales.
Prueba de su firmeza y de los principios, el muchacho humilde de La Morena, hijo de Eunomia y el carbonero Andrés, había acuñado la decisión de ser militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, en entrevista cuatro días antes.
Ramón, el mayor de los hermanos, servía con honor a la patria cuando fue alcanzado por una bala yanqui que le arrebata los sueños, el abrazo del padre y el beso en la frente de la madre.
Allí en la primera línea de combate se sembró en la eternidad. Desde entonces es inspiración de las nuevas generaciones. Ramón López Peña es expresión auténtica de compromiso con la defensa de la patria.
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