Historia

La Historia como raíz y horizonte

La Historia como raíz y horizonte

Las Tunas.- En esta provincia, la historia se enseña no solo como ciencia, sino como vocación. Dos profesoras universitarias, historiadoras con ímpetu y compromiso, comparten sus perspectivas sobre lo que significa el registro del tiempo.

La M.Sc. Patricia García Concepción, Profesora Auxiliar de la Universidad de Las Tunas, es una joven que concibe el acto de enseñar como custodia de la memoria.

“Ser profesor de Historia en estos tiempos es un desafío, porque los estudiantes llegan a las aulas, regularmente, con un prejuicio sobre memorizar fechas y batallas, pero nuestra misión es dotarlos de una conciencia temporal que trasciende a su propia vida.

“La historia es la gran herencia de la humanidad; sin ella viviríamos en un perpetuo presente, sin tener en cuenta las causas de nuestro mundo actual.

“Siempre trato de hacerle entender a los alumnos que el estudio de la historia tiene éxitos incuestionables. Sobre el análisis de civilizaciones pasadas se desarrolla un pensamiento crítico que les permite cuestionar los relatos que van conociendo, identificar patrones y comprender que las estructuras sociales, económicas y políticas que damos por naturales, fueron fruto de largos procesos y conflictos en la humanidad.

“Pensar en la historia, sopesar evidencias y entender la multiplicidad de perspectivas, es necesario para comprender mejor el pasado y el presente.

Patricia en intercambio con pioneros en el Museo 26 de Julio de la ciudad de Las Tunas. (Tiempo21 Foto tomada del perfil de la UNHIC de la provincia)

“La historia es una escuela de ciudadanía y de empatía. El alumno confronta realidades que fueron ajenas a su tiempo y a su espacio, pero que le permiten conocer los pueblos que fueron colonizados, la lucha por los derechos civiles, las revoluciones científicas o los horrores que se vivieron bajo el nazismo.

“Los cubanos somos muy dichosos porque hemos tenido grandes profesores de historia. Martí se convirtió en un excepcional maestro al enseñar a los cubanos sobre los errores cometidos en la Guerra de los Diez Años y que no debían repetirse en la gesta que organizaba. Fidel, a través de su oratoria, transmitió al pueblo la epopeya de la humanidad y del país, lo cual se ha convertido definitivamente en material de estudio para los educandos cubanos.

“Todo esto es de vital importancia para comprender que la identidad de un pueblo no es un monolito, sino un mestizaje de influencias milenarias y que los valores que defendemos —como la libertad, la justicia y la igualdad— han sido conquistados con sangre y tinta a lo largo de los siglos.”

Desde la experiencia de la profesora universitaria, Perla Yanett Quintana Pérez, “la historia es una necesidad vital. Como parte de la humanidad, es nuestro gran espejo.”

“Cada vez que un médico salva una vida, se apoya en siglos de conocimientos acumulados. Cuando defendemos un derecho, honramos luchas de generaciones pasadas”, señala la Licenciada en Historia y Máster en Desarrollo Cultural Comunitario.

“La historia nos otorga identidad colectiva y recuerda que el presente es el resultado de cambios, decisiones y rupturas. Conocerla es un acto de libertad porque nos permite dudar, cuestionar, investigar y proyectar acciones futuras sobre bases fundamentadas.

“Para los cubanos, la historia tiene un valor esencial. Es una fuerza viva. Aquí hablamos con naturalidad de nuestras guerras de independencia, porque quizás el bisabuelo peleó en ellas. Es columna vertebral de la nación y la nación se forjó en un crisol intenso donde lo español, lo africano y lo autóctono se mezclaron. Entender ese origen ayuda a comprender quiénes somos: un pueblo resiliente, creativo, capaz de reinventarse sistemáticamente ante la adversidad.

Perla en uno de los certámenes nacionales del Movimiento Juvenil Martiano, de los cuales es asidua participante. (Tiempo21 Foto tomada del perfil de la entrevistada)

“La historia explica nuestras contradicciones, códigos, nuestro sentido del humor. Estudiarla es un ejercicio de soberanía, una manera de defender lo que somos. Es parte de la vida cotidiana que trasciende los libros y las fechas patrias para presentarse en la receta del ajiaco, en el danzón que bailaron nuestros abuelos, en la ciudad con edificios centenarios. Pero también está en la mata de mango del patio que sembró un familiar ya fallecido, pero que te sigue dando sombra y frutos.

“Este Primero de julio, en el Día del Historiador Cubano, es meritorio reconocer a quienes con rigor y pasión tejen esa memoria viva, especialmente en esta isla donde la historia se lee, pero, sobre todo, se siente; porque la historia es el alma de las naciones, y cuidarla, al decir de Eusebio Leal, es un acto de amor y resistencia. Cuidemos entonces nuestra historia.”

/lrc/

 

Deja un comentario