Las Tunas.- Hay fechas que marcan un antes y un después en la historia de una organización. La jubilación de Rafael Hernández Castro, jefe del Grupo de Supervisión y Gestión en la Dirección Territorial de ETECSA en Las Tunas, es indiscutiblemente una de ellas.
Cuando un profesional de su talla recoge sus pertenencias y mira por última vez los equipos que cuidó con celo de cirujano, no solo se despide un fundador, se retira un hombre que hizo de la conectividad el pulso de su propia vida.
La historia de Rafael con el sector comenzó en marzo de 1980, un viaje de más de 40 años que él mismo rememora con orgullo:
«Yo comencé a trabajar, casi graduado como ingeniero, en la antigua Empresa de Comunicaciones. Pasé por todos los cargos hasta que se fundó ETECSA en 1994, donde tuve la dicha de implementar su creación en Las Tunas. Logramos participar en todo el proceso de la digitalización y el cambio tecnológico que le dio un impulso muy grande al desarrollo de la provincia».
Pero el camino no estuvo exento de tormentas. Rafael enfrentó el doble reto de una evolución tecnológica vertiginosa y de emergencias críticas que pusieron a prueba su liderazgo.
El momento más complejo llegó en diciembre de 2021, cuando un devastador incendio dejó incomunicada a la provincia y el edificio central quedó inutilizado.
«Tuvimos que mudar el puesto de mando y logramos el rescate de las telecomunicaciones en tiempo récord. Fuimos triunfadores», evoca el ingeniero, quien además confiesa que su primer gran desafío fue su propia capacitación: «Tuve que recibir más de 20 cursos para mantenerme al nivel de los ingenieros más jóvenes».
El verdadero impacto de un líder no se mide en kilómetros de cables o en servidores, sino en las personas que formó. Su equipo de trabajo coincide en que la exigencia y la empatía fueron los dos grandes pilares de su gestión.
Yainet Dianela Lozada, especialista del equipo, recuerda que Rafael siempre fue un jefe muy exigente, una cualidad que en lo personal le brindó la capacidad de superarse constantemente. Según explica, el ingeniero les enseñó a tener una visión proactiva de la red, dejando el firme legado de ser visionarios y de antecederse siempre a las situaciones críticas.
Por su parte, el también especialista Frank Pérez Ávila destaca que Rafael es un ejemplo viviente de sacrificio y entrega incondicional. Asegura que el veterano líder siempre inculcó en sus subordinados la motivación por ser más profesionales para garantizar la calidad, manteniendo siempre la mayor empatía y respeto hacia el cliente.
Tras más de cuatro décadas de labor ininterrumpida, este ingeniero no experimenta el vacío del retiro, sino la plenitud de quien vio crecer y modernizarse a su provincia. Al despedirse, deja un mensaje directo y contundente para las nuevas generaciones que asumen el control de las redes:
«Mi mensaje para los jóvenes es que tengan mucho amor por el servicio, un gran sentido de pertenencia y que estudien mucho. Que sean empáticos con el cliente, porque el servicio es fundamentalmente lo que percibe el usuario. Aunque esté en mi casa, estaré apto para cuando me llamen para brindar mi experiencia y mi mano en cualquier momento».
Rafael Hernández Castro se retira físicamente de las oficinas de ETECSA, pero Las Tunas seguirá conectada al mundo gracias, en buena parte, a la frecuencia de su incansable corazón.
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