Puerto Padre, LasTunas.- Este 11 de junio, el puño cerrado del tiempo golpea catorce veces. Catorce años sin aquel hombre de casi dos metros y un solo corazón, que hizo del cuadrilátero un territorio de ternura y poder.
Catorce años sin Teófilo Stevenson Lawrence, el hijo más universal de Puerto Padre, tierra que lo vio nacer aquel 29 de marzo de 1952, en el barrio La Grúa, en Delicias.
Tres veces campeón olímpico. Múnich 72, Montreal 76, Moscú 80. También tres veces campeón mundial. Puerto Padre, no solo lo recuerda por las medallas. Puerto Padre lo recuerda, además, por su sonrisa, por el saludo pausado, por la manera en que conversaba con sus amigos y con gente de pueblo cuando visitaba la Villa Azul.
Muestra de ello, fue el mensaje dejado a sus seguidores durante una entrevista en la que expresó que todos los días recordaba a Delicias, Puerto Padre, San Manuel, Velazco, Las Tunas…
Teófilo fue el hombre que pudo tenerlo todo. Millones, mansiones, noches de fiesta en Las Vegas, y dijo no. «Prefiero el cariño de mi pueblo», sentenció. Y el pueblo, este pueblo de calles polvorientas y malecón humilde, lo hizo inmortal.
Sus puños derribaron a los mejores del mundo, entre ellos, el estadounidense Duane Bobick. Pero su gesta más grande quizás fue mantenerse fiel a sí mismo. Cuando el dinero llamaba a su puerta, Stevenson respondía con esa frase que ya es himno: «¿Qué vale un millón de dólares comparado con el amor de ocho millones de cubanos?»
Hoy, en ocasión del año 14 de su partida física, Teófilo Stevenson está presente en su Puerto Padre querido, en cada hijo de esta tierra nororiental que siente el orgullo de contar con una leyenda del deporte mundial…con el mejor boxeador amateur de todos los tiempos.
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