Las Tunas.- Para muchos el éxito sigue un camino lineal, sin embargo para Mélanie Ros Castellanos, las respuestas estaban en la audacia de romper con los parámetros establecidos y escuchar una intuición más profunda.
Hoy, como líder de dos negocios aparentemente opuestos, Mélanie demuestra que la innovación florece cuando se desafían los prejuicios. Lejos de acomodarse en la dependencia, esos primeros meses se convirtieron en un riguroso período de autoestudio y preparación constante.
En ese proceso de absorber conocimientos desde cero, encontró en su esposo a un aliado incondicional, juntos sortearon la incertidumbre económica y social y construyeron una complicidad que le permitió a Mélanie conquistar algo sagrado: su total independencia económica y la capacidad de defenderse sola en la vida.
El nacimiento de DesNa no fue un esfuerzo solitario, sino un proyecto concebido y construido en conjunto con su esposo. Mientras ambos unían fuerzas para darle vida a la idea, Mélanie asumió con determinación la gestión de la parte comercial, convirtiéndose en el motor estratégico para posicionar la marca en el mercado.
Al principio, el panorama era desalentador: «El 99 por ciento de la población local no estaba familiarizada con este tipo de productos. La gente entendía los condimentos tradicionales, pero no el valor de un alimento deshidratado para la salud».
La oportunidad llegó disfrazada de crisis sanitaria, en medio del brote de enfermedades como el chikungunya, supieron identificar las propiedades medicinales, diuréticas y desinflamatorias de la naturaleza. Así comenzaron a posicionar el jengibre, la cúrcuma y la flor de Jamaica.
Bajo la dirección comercial de Mélanie, el negocio evolucionó con el tiempo. «Digitalizamos los procesos, tocamos las puertas de los gimnasios y tratamos de educar a los deportistas sobre opciones saludables. Lo que empezó como un concepto incomprendido, se transformó en una variedad de snacks que hoy incluye coco, mango y piña deshidratada».
Tras un largo y difícil camino, DesNa ha logrado entrar no solo en los hogares de las personas, sino también en los menús de los bares y restaurantes más reconocidos de su provincia.
Mientras DesNa crecía en las cocinas y comercios, Mélanie abría otro frente de bienestar desde los espejos de su salón de belleza. Aunque la estética y la alimentación deshidratada parezcan mundos divorciados, ella encontró el hilo conductor que los une de forma perfecta: el marketing de nutrir y cuidar el cuerpo de manera integral.
La historia de Mélanie Ros Castellanos apenas está escribiendo sus capítulos más ambiciosos.
En sus proyecciones futuras, no hay fronteras: visualiza a DesNa expandiéndose hacia otras provincias e ingresar al mercado internacional, mientras sueña con que su spa siga siendo ese faro donde las personas aprendan a cuidar su cuerpo desde adentro y a proyectar con orgullo su verdadera esencia hacia el exterior.
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