Las Tunas.- Para ellas, todos los días son iguales. Pero, en los surcos que colorean la tierra de verde, en los inmensos potreros, en la huerta y en el hogar sobresale la voz cálida, noble y profundamente humana de la mujer rural, ese ser valiente e incansable que contribuye cada día a alimentar al pueblo.
Con frecuencia se les menciona porque están en todas las actividades agropecuarias, con sus manos curtidas por el sol y sus corazones llenos de esperanza; y aunque su anatomía sea diferente a la de los hombres, siempre habrá que tenerlas presente por su utilidad y su sacrificio.
En el mes de octubre, el día 15, se les dedica la jornada y merecen muchas otras de cada calendario porque constituyen una fuerza imprescindible para la producción de alimentos, la sostenibilidad de las comunidades y el desarrollo socioeconómico de la nación.
Como dueñas de tierra, usufructuarias, trabajadoras estatales o amas de casa, las mujeres rurales aprovechan las horas del reloj, desde el amanecer hasta el ocaso, para transformar el entorno en esperanzas y el esfuerzo en sustento individual y colectivo.
Allí donde el rocío acaricia las hojas y el sol ilumina los campos, están ellas, decididas y emprendedoras que preparan el terreno, siembran semillas, cultivan hortalizas, cosechan viandas, cuidan los animales y obtienen alimentos indispensables para la mesa familiar.
Tienen manos firmes y generosas que conocen el lenguaje de la tierra y comprenden el valor de sus acciones. Manos que siembran con paciencia, cultivan con dedicación y cosechan con el placer de quien sabe que su trabajo tiene una responsabilidad y un compromiso.
No son únicamente trabajadoras del campo. También son protagonistas, innovadoras, protectoras de las tradiciones campesinas y guardianas de valiosos conocimientos transmitidos de generación en generación, siempre con una voluntad admirable, una imaginación fecunda y una capacidad extraordinaria para enfrentar los desafíos cotidianos.
Su aporte se manifiesta en los espacios donde la inteligencia, la experiencia y la creatividad femenina se convierten en herramientas indispensables para producir más y mejor. Y cuando las condiciones resultan difíciles, cuando escasean los recursos y las jornadas parecen interminables, allí permanecen.
Detrás de cada faena productiva, las mujeres rurales asumen una enorme carga de tareas domésticas y de cuidados de los más vulnerables de la familia. Por eso, en este día se defienden sus derechos y se promueve la igualdad de oportunidades, el acceso a la tierra, los créditos bancarios y la capacitación.
Ahora no basta con admirar su esfuerzo. Hay que valorar su aporte, respaldar sus proyectos, escuchar sus propuestas y abrirles mayores espacios de participación y liderazgo porque todas merecen respeto y oportunidades concretas para continuar aportando al desarrollo agrícola y alimentario del país.
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