Cultura

El Manuscrito Perdido: de la mano literatura y botánica en la finca Verdecia

El Manuscrito Perdido: de la mano literatura y botánica en la finca Verdecia

​Las Tunas.- En la constante búsqueda de descentralizar la cultura y llevar el arte más allá de los espacios institucionales tradicionales, el proyecto sociocultural El Manuscrito Perdido ha comenzado a trazar un puente directo entre la literatura, la educación ambiental y la comunidad.

​Su anfitrión y promotor, Yury García Fatela, concibe la promoción de la lectura, la literatura y las artes no solo como actividades para el disfrute personal, sino como herramientas clave de transformación espiritual, educación e impacto socioemocional: «una de las ideas más importantes que siempre hemos tenido en el proyecto cultural El Manuscrito ha sido la de poder hacer este trabajo que pretendemos lograr de la promoción cultural (…) no solamente de disfrute en sí mismo, sino también como elemento educativo, como elemento de transformación espiritual», declaró a Tiempo21.

​Bajo este precepto, el proyecto ha encontrado un aliado estratégico indispensable en la finca de la familia Verdecia, según explica el propio promotor.

Integrantes del proyecto El Manuscrito Perdido recorren la finca de la familia Verdecia.

La intención de llevar las actividades hacia este espacio rural responde a la necesidad de otorgarle un enfoque más amplio a la iniciativa: «queríamos que el proyecto tuviera un carácter sociocultural y que pudiéramos entonces ir a lugares y hacer determinadas acciones o compartir con personas en diferentes espacios no tradicionales. Nos dimos cuenta de que también podíamos integrar una cosa a la otra».

Ubicada a menos de dos kilómetros del centro urbano de la ciudad, la finca Verdecia se erige como un espacio de altísima riqueza natural, albergando senderos ecológicos, miradores y un vivero con valiosas especies botánicas endémicas y exóticas, y en un contexto donde los espacios botánicos tradicionales se han visto afectados por diversas razones históricas, este enclave funciona como un entorno casi paradisíaco para la conservación.

​Esta cercanía permite conectar de forma directa la creación artística con acciones concretas de reforestación urbana y protección del patrimonio natural, ofreciendo a los participantes la vivencia formativa de una excursión en pleno contacto con la naturaleza sin alejarse del entorno urbano.

La colaboración no se limita a usar la finca como un telón de fondo escénico, sino que integra una profunda dimensión de inclusión social.

El proyecto coordina visitas guiadas y jornadas de trabajo colaborativo en conjunto con instituciones como la Casa de Niños sin Amparo Parental: «tenemos esta posibilidad tan hermosa que se nos está dando de poder compartir con instituciones tan sensibles y desde el punto de vista humano y educativo tan especiales como la Casa de Niños sin Amparo Parental, que nos permiten llevar los niños allá y ya sí hacerlos sentir un contacto mucho más directo con el tema del valor de la naturaleza», comentó.

​Durante estas jornadas, los niños y jóvenes no solo disfrutan de las dinámicas literarias y de los talleres del café literario, sino que se involucran activamente en el trabajo agrícola y forestal. Realizan labores comunitarias sencillas pero de alto valor formativo, tales como el llenado de bolsas para la siembra de postura, la plantación, el riego de ejemplares y el cuidado directo del vivero.

Uno de los pilares fundamentales de este espacio es la participación del Dr. Raúl Verdecia, reconocido especialista e institución en la materia. «El principal protagonista de este proyecto es el Dr. Raúl Verdecia, que es el antiguo director del Jardín Botánico, y es todo un experto e incluso internacional, consultor y asesor (…) es toda una autoridad con gran prestigio y que sencillamente lo tenemos a mano para enriquecer muchísimo la cultura», compartió con el medio.

La finca Verdecia se erige como un espacio de altísima riqueza natural.

​Más allá del rigor científico, el valor diferencial del Dr. Verdecia radica en su pedagogía y cercanía con las nuevas generaciones, según el promotor de El Manuscrito Perdido, el botánico ofrece recorridos explicativos con «una espontaneidad maravillosa» en la que «los niños disfrutan mucho de eso, porque las explicaciones no están dadas a un nivel de un rigor científico, teórico o abstracto, sino que lo explica de la manera más natural y campechana posible».

​Esta alianza entre El Manuscrito Perdido y la finca Verdecia demuestra cómo la promoción cultural y la preservación ambiental pueden articularse en un mismo modelo comunitario, toda la labor realizada por los jóvenes en el terreno no solo contribuye directamente al cultivo de especies destinadas a la reforestación de la ciudad, sino que, como concluye García Fatela, «se revierte en su propia formación educativa y en la sensibilización hacia la naturaleza».

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