Las Tunas.- En varias oportunidades, el primer secretario del Comité Central del Partido y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez y el Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz, han insistido en que el país debe disminuir la dependencia de las importaciones de alimentos.
En la provincia de Las Tunas algo se ha hecho hasta la fecha. Mucho, si se analiza que en los últimos seis o siete años han faltado cuantiosos recursos materiales, especialmente combustible. Poco, si se tiene en cuenta que el clima de este archipiélago es ideal para sembrar granos, viandas, hortalizas y frutas.
Ante el recrudecimiento de las acciones coercitivas del gobierno de Estados Unidos, se impone sembrar más caña de azúcar, tabaco y cultivos varios y criar peces y animales que produzcan carne, leche, huevos y miel. Incluso, insectos benéficos para combatir plagas en los sembrados.
Esa determinación es el cimiento de la soberanía alimentaria que se proyecta para el país. Pero, en primer lugar, hay que lograr que sea la prioridad de todos. Luego habrá que poner en función de la producción de alimentos los recursos hídricos, el suelo y la tecnología.
De manera especial se deben aprovechar las experiencias empíricas de los campesinos y los conocimientos de los profesionales del sector, además de los profesores de la Universidad de Las Tunas y los especialistas de las Asociaciones Cubanas de Producción Animal y de Técnicos Agrícolas y Forestales.
¿Cómo lograrlo si faltan fertilizantes, nutrientes y plaguicidas y es muy escasa la disponibilidad de combustible? Algo se puede hacer con los bueyes y es uno de los programas priorizados en esta nueva estrategia; pero jamás podrá compararse lo que hace una o dos yuntas con un tractor.
El movimiento de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar ha sido un ejemplo a imitar por su gestión en la diversificación de los cultivos y las crianzas para el autoabastecimiento, con producciones en organopónicos, huertos, fincas, patios familiares y parcelas.
Ese proyecto, que está vital desde 1987, prioriza los cultivos de ciclos cortos, como las hortalizas, y la crianza de animales domésticos. Para concretarlo, los productores se gestionan lo que necesitan, incluyendo el abono orgánico que elaboran para evitar el uso de químicos.
Todavía falta mucho por hacer, aunque en los ocho municipios tuneros se dan pasos. Los resultados ya se ven pero serán más evidentes a mediano y largo plazos. Lo más importante es que la conciencia colectiva despierta y que también crece la voluntad de aprovechar nuestras potencialidades.
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