Las Tunas.- Este abril, como todos, tiene en la vigésimo-segunda jornada un nombre y una intención. Es el Día Mundial de la Tierra, que se celebra desde el año 1970 para que la población conozca sobre la contaminación del planeta y sus recursos naturales y enfrente las malas actitudes.
Para lograrlo, no son suficientes las 24 horas de cada día, ni las acciones ocasionales. Más bien hace falta aprender a respetar y proteger los árboles, animales, ríos, mares, suelos; todo lo que nos ayuda a vivir y de lo que también depende la producción de alimentos.
En la provincia de Las Tunas esa es una idea que se consolida paulatinamente y que cada vez más suma a los campesinos, conscientes de que el desarrollo de prácticas agroecológicas es una forma de preservar su pedacito en lo individual y al planeta en lo general.
Ejemplos de ello son Moisés Mora Sicilia, de Puerto Padre, y Javier Espinosa Escobar, de Manatí, quienes aplican productos biológicos en sus suelos; entre ellos humus de lombriz y estiércol de ganado mayor. También acometen acciones para controlar las plagas y enfermedades de los cultivos sin el uso de plaguicidas o fungicidas.
Consideran que los productores deben conocer su entorno, para evaluar si algo anda mal. Y en el caso de los suelos creen que se deben conocer sus propiedades físicas y químicas para beneficiarlos mediante acciones directas como el uso de la tracción animal y el laboreo mínimo.
Además de producir alimentos, conservar la biodiversidad para que no desaparezcan especies de la flora y la fauna es un propósito de Ulises Bueno Ligurvia, del municipio de Las Tunas. El premio ha sido la presencia de muchas mariposas, cartacubas y zunzunes; y el compromiso es seguir cuidando de ellos.
Dejar un mejor futuro a las nuevas generaciones es un imperativo entre los campesinos del territorio tunero porque el incremento de la temperatura global, las sequías, los ciclones y otros fenómenos lastiman nuestro hábitat y deterioran la calidad de vida de los seres humanos, los animales y las plantas.
Vivir en armonía con la naturaleza es el mejor modo de proteger a la Tierra, ese planeta que nos cobija como humanidad y que alimenta a sus habitantes, aunque muchas veces, con una explotación inadecuada de sus recursos.
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