Quizás a temprana edad aún no se sepa. Quizás bajo los globos y cadenetas, entre las frases cargadas de patriotismo o la “mesa cubana” que tradicionalmente acompaña estas celebraciones, niños y jóvenes aún no puedan medir verdaderamente la dimensión de la fecha.
Fuimos pioneros, antes lo fueron nuestros padres, ahora lo son nuestros hijos, y quizás aún no sepamos dimensionar dignamente la efeméride. Pero ahora volvemos ahí, al momento en que forjamos las bases del futuro y llevamos –con igual inocencia y entusiasmo- libros y sueños en la mochila.
Llega el cuatro de abril. El aula es una muchacha maquillada para la ocasión. La maestra augura sorpresas. Todos sonríen ante la expectativa; y es cuando jugamos, se escapan poemas o canciones de nuestras gargantas… Hoy, al menos hoy, nos olvidamos un poco del estudio para celebrar los aniversarios 64 de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y 65 de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM).
Los hombres y mujeres del mañana pululan aquí, en esta celebración de historia. Son los herederos de esa Unión de Pioneros Rebeldes que –en 1961- comenzaba a escribir su trayectoria, luego llamada Unión de Pioneros de Cuba, para dar paso a su actual nomenclatura: Organización de Pioneros José Martí. Son los herederos también de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, devenida en Unión de Jóvenes Comunistas.
Por su sangre, límpida y entusiasta, corre la estirpe de Paquito González Cueto, nuestro primer pionero mártir, quien –con la lozanía de sus apenas 13 años- fue al entierro de las cenizas de Mella, encontrando la muerte prematura frente al local de la Liga de Pioneros, esa que tanto amaba.
El 4 de abril es una especie de cumpleaños colectivo: la OPJM y la UJC están de plácemes. La una, orgullosa de agrupar a los niños y adolescentes cubanos, inculcándoles buenos valores. La otra, sabiéndose parte importante de la vanguardia de la juventud cubana.
Así, cada 4 de abril, miramos al pasado desde el simbolismo y la gloria. Quizás no lo veamos, pero ahí están también los rostros y el legado de jóvenes e infantes que, a lo largo de la historia, ofrendaron su vida por un futuro mejor. En la sonrisa y el compromiso de actual hornada de “pinos nuevos”, viaja un pacto con la historia, un pacto sobre defender siempre caminos más luminosos para nuestro país.
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