Las Tunas.- Ante el fenómeno de ser Cuba el territorio de mayor envejecimiento en América Latina y el Caribe, el sector de la Salud Pública implementa programas de Atención al Adulto Mayor, para la asistencia especializada mediante el funcionamiento de instituciones sociales como los hogares de ancianos.
En Las Tunas retomó sus servicios recientemente el Hogar de Ancianos Carlos Font, en el que viven 77 ancianos como Agustín, quien inspira cada uno de sus días a colaborar con la imagen de la institución a la cual llegó hace muchos años. Allí disfruta de estar en movimiento y apoyar a quienes en la mañana lo saludan mientras escoba en mano reúne las flores que caen en las áreas del vestíbulo.
«Tenemos la atención de médicos, enfermeras y especialistas, el personal hace las gestiones a su alcance para garantizar las condiciones y yo me sumo a ayudar porque hay que ser recíprocos con el sacrificio de cada uno de ellos», asegura este tunero.

De un lado al otro se le ve caminar muy pegado a la cerca perimetral a Emilio Enrique, un abuelito de 79 años que, con dificultad, por los signos de una traqueotomía, expresa su agradecimiento entre sollozos respecto a su experiencia en la casa grande, donde sin distinción de cargos velan por el sentir diario y se vuelven herederos de una familia con padres multiplicados.
«Me da deseos de llorar hablarle porque tenemos en este lugarcito mucho amor, se detienen a escucharte, se preocupan por lo que les digas, estamos rodeados de tanto cariño que no tenemos con que agradecer», explica mientras la mano de la directora lo acoge con total afectividad.
«Me gusta contribuir con la jardinería y más saber que les puedo dar un pedacito de mí, son muy buenos, nos protegen y nos cuidan».
Cada espacio del Hogar es un sitio de encuentro cercano, donde ancianitos de largas estadías hasta de 30 años, viven momentos únicos arropados con el cariño de un personal sanitario y de servicio que ofrece atención diferenciada a cada residente que llegó hasta allí al vivir solos, ser vulnerables y sin ayudas.
«Aquí hay muchas historias que nos dan motivos para el amparo y los cuidados permanentes a los ancianos. El quehacer diario te da sapiencia porque son niños grandes, necesitan de ese calor humano, de sentir acompañamiento en la alegría, pero también en la soledad propia de la vejez», fueron esas las primeras palabras de la directora la doctora Martha Yolema Parra González, la más joven del colectivo.
«Desde la asistencia médica se brindan 13 servicios acreditados para elevar la calidad de vida, entre ellos Estomatología, Podología, Rehabilitación, Psicología y Terapia ocupacional. También en dependencia de los reactivos se les realizan exámenes complementarios con el apoyo de un técnico de laboratorio, del Policlínico Manuel (Pity) Fajardo.
«Disponen de la atención de geriatras, clínicos, médicos generales integrales y otros especialistas diplomados en Atención Integral al Adulto Mayor y cuentan con el servicio médico las 24 horas, con el apoyo de las áreas de salud Aquiles Espinosa, Pity Fajardo y el Guillermo Tejas, aportando este última la mayor cantidad de médicos de guardia con mucha calidad», agregó Parra González.

Comentó que en ese orden «existe un convenio de interrelación con el Hospital General Docente Ernesto Guevara, este último facilitador de las interconsultas con especialidades, como Neurología, Cardiología, Oncología, Nefrología, y Endocrinología, generalmente las de mayor necesidad, así como también para los ingresos, pues aquí se facilita un servicio médico compensador y de vigilancia.
«En la ancianidad se acrecientan varias enfermedades y brindamos atención y seguimiento a las crónicas registrando como frecuentes la Hipertensión Arterial, la Diabetes Mellitus, las cardiovasculares y las oncológicas.
«Se garantiza además la interrelación con los servicios de Psiquiatría del Hospital Clodomira Acosta para algunos aquejados de demencia, un problema de salud que mantenemos compensado desde el punto de vista clínico, pero también emocional con ese trato ameno de los trabajadores, un colectivo de años de experiencia, estabilidad y permanencia», explicó la galena.
«Tratamos de que los 56 hombres y 21 mujeres residentes sientan motivos de vivir, despertar y hacer ejercicios, pasear y conversar en el parque de la institución, jugar ajedrez, ayudar en la jardinería, confiar en la belleza propia de la ancianidad, porque disfrutar de la vida con el orgullo de residentes longevos de 92 y 96 años es apreciar el envejecimiento a plenitud», refiere mientras deja saber otras actividades diarias.
«Es una fortuna contar con varios fundadores pues, aunque no tengan vínculo parental con los ancianos, los aprecian desde el punto de vista filial porque convivimos a diario y formamos parte de su familia. Como iniciativa multiplicamos la atención mediante apadrinamientos, contribuimos a la higiene personal y la alimentación, tratamos de complacerlos, nos compenetramos con cada uno».
Especificó la directiva que «todo el personal que decide laborar allí recibe un curso preparatorio para trabajar con adultos mayores, un grupo poblacional con características diferentes, algunos en plenas facultades y otros te conocen hoy pero mañana no descifran quién eres y hay que tenerles paciencia porque además de ser guardianes de la salud son guardianes de los afectos».
La licenciada en Rehabilitación Social y Ocupacional, Tamilka Estrada Peña, es una de las trabajadoras que conoce al dedillo vida y obra de quienes viven allí desde hace casi 30 años. «El Trabajo Social es todo en este tipo de institución un perfil que se encarga del paciente desde el ingreso, conciliaciones, cualquier demanda o proceso legal, unido a la relación con los pocos familiares que pueda tener el residente.

«Contamos con 34 pacientes que no tienen entrada económica y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social los protege. Mientras desde el punto de vista emocional nos proyectamos por el disfrute de la cultura y de encuentros de historias, con el proyecto comunitario Raíces de San José, así como de las actividades deportivas a fin de mantener estilos sanos de vida con la profesora del INDER.
«Tenemos presentes las celebraciones de fechas significativas para ellos, de hacerles sentir seguros y útiles en sus avanzados años de vida», explica mientras saluda a un abuelito que llega a su puerta a observar.
Añade que «al quehacer del centro llegan otros interesados de otras instituciones y el consejo de iglesia para aportar en el cuidado o colaborar mediante el apoyo del servicio de barbería, peluquería y manicura, y con donativos de aseo y vestuario, apelando siempre a la familiaridad que es el lema permanente del Hogar», afirmó Estrada Peña.
«Siempre he dicho que el amor de familia nadie lo suple, pero en el Hogar de Ancianos tratamos que se parezca», confiesa esta tunera que dedica largas horas a entender a cada abuelito, de ofrecer una mano amiga y servir con orgullo por un envejecimiento digno y eso denota al colectivo en el cual un elevado por ciento del personal sanitario y de servicio acumulan más de 10 años de experiencias en la labor permanente de arropar el corazón en la ancianidad.

En 1990 la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el primero de octubre como Día Internacional del Adulto Mayor y coincide también la fecha con el establecimiento en el 2020, por la Organización Mundial de la Salud, de la Década del Envejecimiento Saludable, con el propósito de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar.
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