Por Maira Castro Lora
Las Tunas.- La expresión radiante de Raúl Verdecia Pérez describe por sí misma la provechosa labor ambientalista en Viverde, su vivero creado en una finca forestal, cuyo tenente es un primo y lleva el nombre «Los Verdecia» por la participación familiar.
«Estamos a un kilómetro de la periferia de la ciudad; es un lujo disponer de un lugar donde las personas puedan venir a pie y tener contacto con la naturaleza.
«La finca posee un potencial instructivo y educativo incomparable. Este puede ser nuestro laboratorio natural para convencer a la gente de la conservación. Estoy plantando arbustos que atraen mariposas, no hay que hacer un mariposario encerrándolas; no hay que meter las aves en jaulas y le enseñamos a los niños lo lindo de verlas.
«Las cartacubas están queriendo hacer nidos en la casa porque ellas necesitan oquedad y han llegado a sacar. Vienen zunzunes, el sinsonte te da un recital, hay palomas, y las aliblancas como no se les hace daño se anidan en los árboles cercanos; llegan además la paloma rabiche, la tojosita, y del zorzal real, que no había, cuando hice el vivero se mudó una pareja e hizo nido, si me ponía a plantar me regañaban, y sacaron tres pichones».

Esto es salud mental
Durante un recorrido por tan hermoso paraje, Verdecia Pérez mostró los progresos de su obra, bajo el sol, con las manos removiendo la tierra y en el riego de las plantas, en condiciones favorables.
«La idea es propagar especies indígenas o autóctonas -algunas endémicas, por ser exclusivas de esta región, y otras amenazadas- para, junto a la experiencia de lograrlas y reconstruir la estructura del bosque, convertir la finca en unidad docente de la Universidad de Las Tunas. Desde allí se extenderá la preservación con los estudiantes, los ciudadanos y las fincas forestales.
«Frente al mirador hay un bosque, ¡que aquello es un paraíso!, una sombra y unos árboles inmensos, porque está en una gran hondonada y meterse ahí abajo es espectacular.
«Podemos reconstruir un pedacito de nuestro bosque en ese parche, pero ya tenemos tres hectáreas y media, en la que plantamos un dagame como árbol fundacional, el 5 de junio del año pasado y ¡está precioso!, adaptado a nuestras condiciones climáticas. Cuando llegó la seca se quedó sin hojas, y otros más que plantamos, pero en cuanto les cayó un aguacerito las tenía otra vez.
«La guana está preciosa; las de este año son las más lindas de los 100 árboles plantados en homenaje a Fidel Castro Ruz, porque ellas evolucionaron aquí.

Bellezas para arbolado de la ciudad
El investigador devenido productor, Raúl Verdecia, ilustró su explicación del rescate de plantas con versos de Juan Cristóbal Nápoles, El Cucalambé: son de guamá los horcones/ las llaves son de jatía/hay pocas habitaciones tan fuertes como la mía.
«Allá arriba del farallón está la jatía que para el arbolado de la ciudad es perfecta; sobre la roca soporta la sequía del territorio. Entonces hay que hablar con la naturaleza, ahí está la solución.
La finca tiene los últimos relictos de bosques que quedan en los alrededores de la cabecera provincial, y por eso el investigador y profesor tunero va más allá del propósito inicial del vivero, de cultivar plantas ornamentales como componente del sustento económico.
«Por ahí comencé, pero mi afán por las plantas amenazadas, por plantar especies, hizo que me incorporara a la iniciativa Planta, que la dirige Luis Roberto González, el presidente de nuestro Grupo de Expertos en Plantas Cubanas.
«Él ha ayudado a crear microviveros en Cuba porque hay que pasar de tanto decir a hacer algo por esas especies amenazadas; y lo de nosotros es la acción práctica de recolectar semillas, hacer conservación combinada in situ-ex situ.
«A veces tenemos muy poca colaboración de las personas que están en áreas protegidas; hay que sensibilizarlos muy bien para recoger semillitas cuando están madurando y es vivir el año pendiente».
En la finca encontró un Ébano, hermano del Ébano carbonero que da la madera negra, también amenazado. «Casi hice una fiesta, por los dos ejemplares con frutos.
«Es un arbolito precioso, con unas hojas bonitas y sus frutos parecen tomaticos rojos; la pudiéramos usar en el arbolado de la ciudad; es pequeño y de crecimiento lento, pero soy un hombre joven»
Tal optimismo proviene de que plantó uno en el Jardín Botánico tunero hace algún tiempo y ya vio recogiendo los frutos, sin saber tal vez la historia de sus semilleros.

Rescate de especies
Del vivero envió plantas hacia el área protegida Monte Cabaniguán, para el reforzamiento de poblaciones que sean viables y se mantengan en el tiempo.
Antes rescató cactus con el tronco leñoso en la zona de buldoceo para el parque eólico La Herradura, donde ahora hay que hacer lo mismo que con otras especies y el plan de Verdecia es llegar a 200 individuos de diferentes progenitores, con diversidad genética, para restituirlos a su lugar.
«Hago conservación in situ para la guana, la bacona y el manajú, especies que crecieron de manera natural aquí y eso me es más cómodo. También planté cientos de dagame; el problema se da con las que no son de este suelo.
«En el bosque hay una parte mejor conservada, y aplicamos el concepto de restauración, para tratar de aproximarnos a los caracteres originales del bosque semicaducifolio, con un estrato que pierde las hojas y otro que las conserva.
«De los que pierde las hojas es el dagame que coge 25 y 30 metros de una madera formidable, que crece derecho, es bellísimo, de flores blancas; este árbol está amenazado y sus semillas microscópicas casi nadie las planta.
Desde hace más de 30 años Verdecia Pérez comenzó a plantar especies amenazadas en áreas exteriores del hoy campus Pepito Tey, de la universidad tunera, donde lo intentó otra vez, pero no funcionó.
En ese sitio hay una guana que tiene 15 metros de alto y 36 años de edad; un árbol amenazado de extinción, endémico exclusivo de nuestra zona.
Al tiempo que incursiona en su pasión de cultivar plantas, el profesor tunero continúa en el proyecto de la Flora de la República de Cuba con la familia de las palmas, en las que Cuba está entre las ocho islas más ricas en el mundo; y participa en otro proyecto con una universidad canadiense, trabajando con el genoma del género de las jatas, los yareyes y los yareyones.
Como docente de la universidad de Las Tunas pretende volver a crear el herbario que logró en la institución, pero se llevó para el jardín botánico y está en riesgo porque no tiene las condiciones climáticas y de atención adecuadas.
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