Opinión

Gestión cultural, algunas rutas necesarias

Deja un grato sabor edición 17 de La Pupila Archivada
Escena del performance El cosificador. (FOTO/TIEMPO 21).

Las Tunas.- Entre los desafíos del sector cultural en la provincia figura perfeccionar la gestión de sus procesos para garantizar calidad y sostenibilidad en el tiempo.

Esta aspiración cobra medular importancia en momentos en que el contexto socioeconómico que vive el país obliga a repensar realidades que competen a la programación, la planificación, el uso oportuno de los recursos, las potencialidades de la promoción, y otras.

En medio del actual escenario, buscar estrategias para mejorar la gestión cultural, así como fortalecer las ya existentes, se erigen prioridades para el gremio de artistas, escritores e intelectuales de nuestra tierra.

En ese sentido, resulta vital huir de la improvisación y los acondicionamientos a última hora (previos a alguna presentación artística); revisitar concienzudamente la concepción de las actividades en correspondencia con un estudio coherente y aterrizado de espacios y públicos; fortalecer las alianzas institucionales (e incluso, con organismos y entidades ajenos al sector)… En resumen, pensar los eventos mejor y en colectividad, siempre escuchando a sus protagonistas y destinatarios.

Una de las citas que recientemente demostró que la voluntad, unida a una atinada concepción y creatividad, suelen dar frutos, a pesar de las adversidades, fue la jornada de intervenciones urbanas La Pupila Archivada, organizada por la Asociación Hermanos Saíz (AHS), cuya 17 edición se realizó del 8 al 11 de abril.

Aunque ese evento en esta ocasión estuvo compuesto solo por talento de la localidad, debido a las complejidades por las que atraviesa el país, su programa de actividades mostró calidad y variedad.

Performances como El cosificador, haciendo uso de materiales reciclables y mucho ingenio, lograron impactar en el público, demostrando que a veces no hacen falta grandes recursos para alcanzar resultados satisfactorios.

Vestido con una rústica saya de cartón y arrastrando una red que, poco a poco, era llenada de objetos diversos, Yury García Fatela encarnó el protagónico, mientras otros personajes complementaron el mensaje, en general.

Esta puesta, acaecida en el bulevar de la ciudad, reflexionó sobre la relevancia que a veces les damos a cosas materiales, en comparación con el amor, la espiritualidad y lo verdaderamente imperecedero.

Por su parte, El otro manjar, desarrollado en el parque Vicente García, se apropió de elementos del arte ruso como las matrioskas y, usando mesa, silla, un horno microondas, una pequeña pantalla y algunos alimentos, construyó un mensaje que conminó a pensar sobre cómo las personas están más concentradas en alimentarse que en observar el audiovisual que tenían justo al frente.

La pieza, en definitiva, apostó por un arte alternativo y abogó por la necesidad de sacar al cine de espacios convencionales, para llegar a los públicos. Precisamente en eso, en el acercamiento y retroalimentación con el auditorio, figura una de las principales fortalezas de eventos de este tipo, singulares –incluso- en Cuba.

Pero para lograr resultados, toda obra debe partir de ese sentido de pertenencia hacia lo que somos y hacemos.

Tampoco debemos ver la cultura como un grupo de entidades aisladas, sino como un ecosistema vivo, donde todas sus instituciones aportan… Eso sí le viene faltando a La Pupila Archivada: el apoyo de otros centros vinculados al sector.

Acciones tan básicas como aportar un diploma o manualidad para estimular a algún autor premiado en determinado certamen e, incluso, solo presenciar las actividades y animar a sus artífices, pueden hacer gran diferencia.

Un buen ejemplo en materia de alianzas constituye la IV Feria Infantil El Trompo, que ha acogido la provincia del 14 al 17 de abril, organizada por el Fondo Cubano de Bienes Culturales, con el apoyo de otras instituciones.

En el parque Maceo (sede principal de ese evento) y en actividades extensionistas, se han vinculado escritores para compartir obras y presentar libros; artesanos para exponer y comercializar sus creaciones; profesores de Cultura Física y Recreación para avivar la práctica de juegos tradicionales (objetivo fundamental de esta feria); y artistas diversos, todos aunados con iguales propósitos: dejar un grato recuerdo en la memoria colectiva y apostar por la recreación sana. Algo que se agradece, además, por realizarse en la semana de receso escolar, lo que favorece el disfrute de infantes y adultos tuneros.

Otra de las fortalezas de eventos como los mencionados es que enfocan la mirada hacia las raíces identitarias, nuestra historia y cultura, en general, partiendo siempre de lo local para llegar a lo universal.

La Feria Infantil El Trompo, por citar un caso, ha socializado juegos didácticos realizados con materiales de la naturaleza propios del campo cubano como el corojo y ha recordado juegos infantiles tradicionales, ajenos a la fiebre tecnológica de estos tiempos, como el mismo trompo y otros al estilo de las bolas, los carritos, las muñecas, el hula hula.

Ejemplos como estos resultan ejemplarizantes para todo el gremio y demuestran que, cuando se piensan las actividades, se planifican con tiempo y son involucrados diferentes artífices, es posible lograr buenos resultados.

No es cuestión de negar las carencias materiales que complejizan la logística de eventos y presentaciones, sino de buscar alternativas y pensar entre todos, cómo seguir defendiendo la cultura en tiempos complejos. No en balde Fidel la definió “escudo y espada de la nación”.

 

/lrc/

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