Las Tunas.- En Cuba y Las Tunas, la soberanía alimentaria, hecha también de plantaciones de cultivos varios, se cosecha con gotas de sudor y manos femeninas que hacen tanto como los hombres; incluso, un poco más, cuando se suman los quehaceres domésticos y la atención de la familia.
Dedicarles el actual año 2026 es un regalo para las mujeres agricultoras y más que eso, es recordar al mundo que detrás de sombreros, pañuelos y vestimentas que protegen del sol, hay alma, sensibilidad y un compromiso creciente de aportar a la sociedad, de ser útiles más allá de las paredes hogareñas.
Las circunstancias varían de un sitio a otro; pero, en todos los lugares ellas transforman los sistemas agroalimentarios, a veces dando instrucción y ejemplo y en otras oportunidades, como productoras directas que transforman la tierra vacía en hermosos campos.
Maricela, del Cerro de Caisimú; Margarita, de San Gregorio; Martica, de Dumañuecos; y Moraima, de Barranca, inician sus nombres con la letra M, la misma que está al comienzo de la palabra mujer. Como ellas, muchas otras protagonizan batallas diarias que siempre les dan la victoria.
Se consideran atrevidas y desafían los imposibles, casi siempre con la mirada serena, la sonrisa en el rostro y la seguridad del éxito porque impregnan a cada acción la confianza que han ganado durante años, a fuerza de algunos fracasos y muchos triunfos.
En apariencias, las mujeres agricultoras son comunes y en esencia, tienen alas que superan obstáculos de caminos difíciles. A pesar de los desafíos actuales, su optimismo reina en la tierra roturada, frente a las hierbas, en cada siembra, durante las cosechas y cuando comparten el fruto de su esfuerzo.
El amor sí tiene que ver con la agricultura. Ellas lo demuestran en muchísimas oportunidades y tienen razón cuando piensan que los sueños de hermosos cultivos siempre se cumplen. Solo hay que ponerles alma y voluntad, lo que sobra a las féminas que en Las Tunas siembran y cosechan.
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