Luego de más de un mes de haberse incrementado las afectaciones en la programación debido a una avería en el sistema fotovoltaico, Radio Victoria consigue volver al aire de manera parcial y reencontrarse con sus oyentes.
Buscar noticias
Luego de más de un mes de haberse incrementado las afectaciones en la programación debido a una avería en el sistema fotovoltaico, Radio Victoria consigue volver al aire de manera parcial y reencontrarse con sus oyentes.
"La radio es mi vida", es una frase recurrente en quienes transitan este apasionante medio. Hay quien llegó desde niño, llevado de la mano de su tutor, involucrado en algún proyecto o, sencillamente, avivando el fuego de la vocación (quizás sin saberlo) entre consolas y micrófonos.
Aquel 22 de agosto de 1922, cuando los acordes inaugurales emitidos por la estación 2LC de Luis Casas Romero surcaron el aire de La Habana, Cuba no solo ingresaba a la vanguardia tecnológica de América Latina; inauguraba, además, una forma inédita de habitar la memoria colectiva.
Entre los realizadores premiados en el festival de base de la emisora Radio Victoria sobresalen dos jóvenes que llegaron al medio y, sin proponérselo directamente, transformaron las maneras de hacer, para que los mensajes vayan con más calidad a la audiencia, razón de ser de este colectivo.
Los realizadores de la emisora Radio Victoria tienen fortalezas para presentar a la audiencia productos de excelente calidad, mediante la magia del sonido, y así se demostró en el Festival de Base que premió este martes a sus mejores exponentes.
Con la convicción de brindar siempre a la audiencia trabajos periodísticos y programas de calidad, desde el 23 de junio se desarrolla el Festival de Base de Radio Victoria, cuyos resultados se darán a conocer la próxima semana.
Las madres de Radio Victoria tienen corazones que laten en cada hogar tunero porque transmiten imágenes hechas con el sonido de quienes saben que la familia y este medio de comunicación forman un todo incluido cuyo protagonista es el amor.
Si alguien dirige alguna institución durante más de dos décadas, algo suyo se queda en el lugar, y viceversa. Si esa persona, además, le entrega tiempo y corazón, aún a expensas de su salud, la huella suele ser trascendente.
En la tranquilidad de una sala que huele a libros y café, un viejo se reclina en su butacón con una radio entre sus manos. Él se prepara para disfrutar, desde esa bocina, su única compañía. Con el simple gesto de ajustar el dial conectará pasado y presente; pondrá el sonido más lejos del oído y más cerca del corazón.
En el corazón de la emisora provincial de Las Tunas, donde el tiempo se mide con el sonido, late la energía de una joven cuya vida y la radio están tejidas desde la infancia.