Las Tunas.- El reloj marca el compás en La Habana y la señal surca el éter como lo ha hecho cada día desde aquel 22 de agosto de 1922.
Hoy, la Radio Cubana llega a su aniversario 104, consolidada como un refugio de inmediatez, banda sonora de la cotidianidad y puente invisible entre las familias de la Isla.
Todo comienza en una casona de la calle Ánimas, cuando el músico y mambí Luis Casas Romero enciende el transmisor de la estación 2LC, de aquel primer acorde, las notas del clarín y el reporte del tiempo, nace un idilio tecnológico y sentimental.
Cuba no solo abraza la radio tempranamente en Latinoamérica, sino que la convierte en un arte con personalidad propia, cuna de la radionovela, el periodismo vertiginoso y la difusión de la música popular.
Esa capacidad dramática y musical moldea la identidad cultural del país a lo largo del siglo XX, las voces de locutores icónicos se transforman en parte de la familia extendida de cada hogar, tejiendo un imaginario colectivo donde la palabra hablada adquiere la fuerza de una tradición oral colectiva que trasciende cualquier frontera geográfica o temporal.
A más de un siglo de aquellos inicios, el sistema radial del país se sostiene sobre una arquitectura humana y técnica que abraza todo el archipiélago a través de cien emisoras en red, desde las grandes plantas nacionales hasta los pequeños estudios municipales que transmiten el latir de sus comunidades.
Mientras tanto, las ondas tradicionales conviven hoy con el streaming, los pódcasts y las comunidades virtuales, atrapando a nuevas generaciones de oyentes que consumen el sonido en formatos contemporáneos.
En el corazón del Balcón de Oriente, este aniversario nacional cobra una resonancia entrañable a través de la red radial tunera.
Encabezada por la emisora provincial Radio Victoria, pilar informativo de la familia local desde 1953, y articulada junto a las voces municipales como Radio Libertad en Puerto Padre, Radio Maboas en Amancio, Radio Manatí, Radio Chaparra y Radio Cabaniguán en Jobabo, la radio en Las Tunas teje la crónica viva de cada comunidad.
Más allá de la infraestructura y los reconocimientos, la verdadera fortaleza de la radio radica en su flexibilidad para reinventarse ante las contingencias sociales y climáticas, cuando la electricidad falla o el aislamiento apremia, el pequeño receptor a baterías se convierte en la única ventana abierta al mundo, reafirmando su valor estratégico como servicio público imprescindible.
Encender la radio en Cuba, y de manera entrañable en cada rincón tunero, sigue siendo un gesto cotidiano: acompaña la cocina mañanera, los talleres de trabajo y las veladas cuando cae la noche.
Frente a las pantallas intermitentes y el ritmo acelerado de las redes sociales, la voz que sale del altavoz conserva esa calidez íntima que ningún algoritmo logra duplicar… en este 22 de agosto, la radio no festeja un número en el calendario; celebra la vitalidad de una conversación que nunca se interrumpe.
/lrc/